Yo, pecador

Si usted, querido lector, creció en el nacionalcatolicismo, recordará esta oración, compañera inseparable de otras (padrenuestro, avemaría, credo, salve, …) del rito de la iglesia católica. Pareja corría con los cinco pasos del sacramento de la confesión: examen de conciencia, dolor de los pecados, propósito de la enmienda, decir los pecados al confesor y cumplir la penitencia. ¿Se acuerdan? Seguro que sí; lo llevamos grabado a fuego en nuestro disco duro mental y enunciado de esta manera muestra una cierta musicalidad que hace fácil recordarlos.

Entonces se hablaba, si no recuerdo mal, del pecado “de pensamiento, palabra u obra”; no sé en qué momento se ha añadido el pecado de “omisión”, pero ahí está en las versiones más recientes, aunque se remite al evangelio de San Marcos para justificarlo.

El pecado lo define el DLE como la transgresión consciente de un precepto religioso. Lo cual significaría que fuera de cualquier religión, el pecado no existe. Entonces, ¿puede pecar un agnóstico? Probablemente sí, pues seguimos utilizando la palabra “pecado” para transgresiones no solamente relacionadas con las creencias religiosas y su práctica, sino con los convencionalismos sociales de una cultura determinada. Convencionalismos que quizá no nos gusten, que quizá no respetamos, pero que sabemos que están ahí y de una forma quizá inconsciente aceptamos que su transgresión no está de acuerdo con unos principios que aunque no estén escritos, aceptamos y entendemos que no debemos sobrepasar.

Pero, claro,  mientras que una religión mantiene habitualmente unos criterios intransigentes e inamovibles (es la única forma en la que puede mantenerse por los siglos de los siglos – amén), los convencionalismos sociales cambian con frecuencia, con lo que lo que ayer fue pecado quizá hoy no lo sea. O al revés.

Y de aquí a Las puertas de la percepción de A. Huxley (sí, el de Un mundo feliz), sólo hay un paso.

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El momento no importa

Hay veces que uno no hace las cosas en el momento en que tiene que hacerlas.

Pero cuando por fin consigues hacerlas, el placer no es menor. Como, por ejemplo, ver el chiste diario de Forges. Genial.

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Los elementos de transición

Es el nombre que reciben los miembros de varias series de metales de la Tabla Periódica (casi sesenta en realidad, unos treinta a efectos prácticos por ser los más conocidos) que presentan, aunque no es exclusiva suya, una particularidad muy interesante. Y es que estos elementos puede actuar en cuanto a su reactividad con distintos estados de oxidación, lo que también se conoce, aunque a mí el término cada vez me gusta menos, distintas valencias químicas. Si ustedes estudiaron Química en algún momento quizá recuerden, por ejemplo, el caso del hierro, que puede actuar como divalente (ferroso) o trivalente (férrico); esto es a lo que me refiero. El DLE acepta como tercera acepción de la palabra polivalente el significado de “Dicho de un elemento químico: que tiene varias valencias“. El mismo DLE, para la primera acepción de polivalente, da el significado “Que vale para muchas cosas“.

Es evidente que el hecho de que un elemento químico tenga “varias valencias” no significa necesariamenter que “valga para muchas cosas”. Sí, de acuerdo, un mismo elemento, según la valencia (o estado de oxidación) con que actúe puede presentar propiedades muy distintas; por ejemplo, el Cr6+ es tremendamente cancerígeno, mientras que el Cr3+ no lo es en absoluto (a pesar de su misma masa atómica, por lo que la simplificación metal pesado=cancerígeno no deja de ser un tópico). Pero eso no significa que ese elemento por esa polivalencia (según el DLE) sirva “para varias cosas”.

Por esa razón, es cada vez más frecuente el uso de “multivalente” (palabra que no viene recogida en el DLE) para referirse a esta propiedad, es decir, la capacidad de un mismo elemento químico de poder actuar con varias valencias. Me viene a la cabeza ahora la palabra multitarea, tampoco bendecida por el DLE, pero de amplio uso en la jerga de la Informática.

Si aceptamos esa especificidad (y el DLE acepta cosas que resultan a veces increíbles) irá siendo hora de redefinir el significado de algunas palabras. Y, en este caso particular, quizá lo de “polivalente” haya que reservarlo para aquellas situaciones en las que queremos referirnos a que “algo” o “alguien” vale para muchas cosas. Como “valer por igual para un roto que para un descosido”, como dice el conocido refrán castellano y que no hay que confundir con el de “siempre hay un roto para un descosido”. Aunque hay veces que ambos se complementan elegantemente.

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Tanto monta, monta tanto, PAS como PDI

La Universidad de Salamanca convocó hace unas semanas unas pruebas selectivas (parece que lo de “oposición” da pánico) para cubrir seis plazas del Cuerpo de Gestión, uno de los niveles altos en la escala de Personal de Administración. Solicitaron participar cincuenta y nueve funcionarios de escalas inferiores de la USAL, de los que sólo treinta decidieron finalmente concurrir a la primera prueba, que superaron dieciséis. La segunda prueba sólo la pasaron dos, lo cual significa que de las seis plazas existentes, cuatro han quedado vacantes.

A principios del pasado mes de diciembre la Universidad de Salamanca convocó los pertinentes concursos (pánico a la “oposición”, de nuevo) para cubrir cincuenta y nueve plazas de Profesor Contratado Doctor, una categoría docente “fija”. Para el mes de enero de 2018 y los inmediatos siguientes está prevista la ya aprobada  convocatoria de sesenta y una plazas de Catedrático de Universidad y cincuenta y cuatro de Profesor Titular de Universidad, plazas también “fijas”, pero de Personal Docente e Investigador.

Hasta aquí los hechos.

Tengo una malsana curiosidad por saber cuántos candidatos solicitan participar para optar a una de estas ciento setenta y cuatro plazas de Personal Docente e Investigador,  cuántos finalmente participan y cuántas de estas plazas quedan vacantes.

Y mi postura (7ª acepción DLE) es la siguiente: habrá mayoritariamente un candidato por plaza; las plazas con candidato único las cubrirá ese solicitante (tras unas “pruebas” que durarán un día o un par de mañanas a lo sumo) y no se quedarán vacantes, salvo cataclismo; si para alguna plaza hay dos o más solicitantes es probable que se quede vacante, salvo que uno de los solicitantes sea local (que la conseguirá) y el otro un paracaidista (4ª acepción DLE, tomada con cierta libertad). Los fabricantes de palios van a tener que hacer horas extra.

Me podrán decir ustedes que estos candidatos han pasado ya el “filtro” de la ANECA, pero hasta la fecha la ANECA más que un filtro era casi una red de almadraba para atunes; he mirado en varias ocasiones la lista de candidatos considerados “aptos” por la ANECA para acceder a plazas de CU y el porcentaje de ellos se acercaba al de aprobados en las mal denominadas pruebas de Selectividad (sarcasmo). Aparece ahí incluso el nombre de alguna que presume de que “yo vengo poco por la Facultad”.

Y otro día, si quieren, hablamos sobre los ejercicios a superar, o el procedimiento seguido para la elección de los miembros de las comisiones (lo de “tribunal” asusta también mucho, por lo visto) encargados de evaluar los diversos concursos arriba citados. Y antes quiero aclarar algo: no dudo que los procedimientos hayan sido legales, en absoluto: seguro estoy de que lo han sido, completamente legales; ni ilegales ni alegales.

Y (sin sarcasmo) mi más cordial felicitación a todos estos vencedores; daos por besados.

 

P.S.: Si alguien está muy susceptible, que lea esto. ¡Ah! y ningún familiar mío ha concurrido al concurso para el Cuerpo de Gestión.

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Ámame hoy, pues mañana me odiarás

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La magia de la “Navidá” en la época del “guasá”

¿Se han preguntado ustedes alguna vez cuándo comenzó la costumbre de felicitarse por la Navidad (o por el Año Nuevo) con una tarjeta de tipo específico? Yo lo he buscado en Internet y, entre otras páginas, he encontrado ésta, según la cual la costumbre comenzó a mediados del siglo XIX; hay muchas más páginas que tratan el asunto, pero la historia que aquí se cuenta la he visto en varias. Luego el tema se comercializó y felicitar las Pascuas (otra forma de decirlo) se convirtió en una costumbre muy extendida. Algunas personas enviaban una tarjeta de visita con un garabato y las palabras “Felices Pascuas”; otras compraban tarjetas de Navidad (ahora “Christmas”) y las mandaban a través del servicio de Correos. Algunas ONG (quizá en aquel momento ni sabían que lo eran), como la Cruz Roja, Unicef, Manos Unidas, etc., vendían estas tarjetas, destinando los beneficios a sus propias obras, al igual que otras entidades que comercializaban tarjetas dibujadas con el pie o con la boca; quizá algunos de ustedes las recuerden.

Desde principios (al menos) hasta pasados mediados del siglo XX, se acercaban por los domicilios las personas encargadas de diversos oficios en el barrio que regalaban una tarjetita que llevaba implícita la solicitud de un aguinaldo o estrena (así se decía en els Països Catalans), pequeño regalo o dádiva que también los padrinos solían dar a sus ahijados en fechas tan señaladas. La tal tarjetita era del tamaño de una carta de la baraja, habitualmente policromada y muchas veces con un cierto estilo Art Déco, otras veces con menos pretensiones, pero siempre en la parte delantera se indicaba quién la entregaba (cartero, barrendero, basurero, portero, aprendiz, etc.) y en la cara posterior se incluía un verso, creo que era lo que se denominan unas aleluyas (aunque de esto no estoy muy seguro), alegórico al servicio que prestaban a la comunidad (aquí no hay sarcasmo ninguno por mi parte).

Después y al final de la moda de los Christmas (que algunas personas siguen manteniendo), cuando las comunicaciones telefónicas se hicieron menos caras, no había que solicitar una conferencia para llamar al pueblo de al lado y si había que hacerlo había poca demora, las felicitaciones eran orales a través del teléfono. Y luego comenzaron los móviles, que aun no eran smart. Quizá ustedes recuerden a aquel niño tan cargante que en el anuncio de cierta compañía de telefonía en el año 1997 se gastaba la extra de toda su familia (el anuncio fue denunciado por publicidad engañosa) llamando a todo el mundo repitiendo el mantra “¡Hola!, soy Edu, feliz Navidad”.

¿Y ahora? Pues ahora nos  conformamos con escribir “Feliz Navidad ” (u otra de las alternativas permitidas y al uso) en nuestro smart y mandar el mensaje a todos los de nuestra “lista de contactos” (que suena fatal ¿verdad?); o bien seleccionamos la imagen que recibimos de nuestro contacto más tempranero pulsamos reenviar y va a todos (menos el tempranero) los de nuestra lista de contactos.

Es obvio que con las tarjetas de Navidad, bien fuesen de Unicef o de la Cruz Roja o de Manos Unidas o de cualquier otra ONG, no sólo contribuíamos a una causa noble, sino que nos teníamos que currar el mensaje en muchas ocasiones, dado que la Navidad (o las Pascuas, o el Año Nuevo) puede ser la única ocasión en que nos ponemos en contacto de esta forma con amigos o conocidos a los que el resto del año simplemente recordamos y aprovechamos para contarles brevemente cómos no va. Ahora, con las nuevas tecnologías, pues simplemente lo mandamos a todas y todos (aquí sí que hay sarcasmo) sin saber, en realidad, a quiénes lo mandamos y a quiénes no. Y hasta el año que viene.

P.S.:No; hasta el año que viene no, perdonen; nos queda la otra gilipollez, también animada por las compañías de telefonía, que nos obliga a llamar a los familiares, amigos, vecinos, conocidos, compañeros de trabajo y demás personas de nuestra lista de contactos inmediatamente después de atragantarnos con la última uva en la noche del día 31. Todo sea por las nuevas tecnologías.

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A mis compañeros

En estas fechas, de obligado regocijo en culturas de tradición cristiana – alegría a plazo fijo – , quiero unirme a todos vosotros en este sano ejercicio de hipocresía y desearos que la fuerza os acompañe y que dejéis atrás la mala leche, la envidia, los celos, el victimismo y demás aspectos negativos y estéis dispuestos para un nuevo y futuros años en los que dediquéis el máximo esfuerzo a vuestro trabajo, en el centro de trabajo con los horarios de permanencia en el mismo a los que en su día os comprometisteis en el entonces denominado “compromiso de dedicación”, tanto a la docencia como a la investigación, preocupándoos de superar el mal propio y dejando aparte martirizaros por el bien ajeno, actualizando los contenidos de las asignaturas que impartís, enseñando y, sobre todo, aprendiendo, ejercicio al que cada vez dedicamos menos esfuerzo en esta profesión. Dejaos de vuestra inexistente omnicultura, olvidaos de enseñar lo que no sabéis y limitaos a enseñar lo poco que sabéis; aprended para enseñar, aunque conociendo a algunos de vosotros, imposible lo veo.

Si os toca cenar con vuestros cuñados, no olvidéis que vosotros también lo sois para ellos y que reza el principio de reciprocidad. Y si acontece, contad y reid con chistes sobre cuñados, y sobre cuñadas y sobre todo lo que se mueve.

Que sepáis reíros de vosotros mismos y con vosotros mismos y con todos los demás, que no creais que todo gira en torno vuestro y que todo el mundo os vigila, pues a pesar de vuestra soberbia, vuestra vida no importa en absoluto a los demás; que no caigáis en la monotonía absurda y pacata de la completa corrección política, pues la vida está hecha para divertirse, alegrándonos de cada problema que superamos  atacando de base cada problema con el que nos encontramos.

Reíros, reíros,no os preocupéis, ya dijo Serrat que Hoy puede ser un gran día y seguro que lo será, tanto hoy como los venideros; no lo jodáis con vuestras penas y vuestras miserias, que, repito, no nos importan en absoluto a los demás, al igual que vuestros delirios de grandeza.

Ya sabéis que no me va a tocar la lotería, misión imposible, pues nunca juego (la mejor lotería el trabajo y la economía) y no me amargo porque a otros les haya tocado, me alegraría enormemente que le hubiese tocado a un amigo, pues seguro que lo celebraríamos juntos con alguna que otra cena, riéndonos, riéndonos, criticando sin acritud y pasándolo bien.

Así que ya sabéis, haced del mundo un carnaval contínuo y permanente, a costa de todos y con todos y olvidad a esos amargados de los que estamos rodeados; ellos se lo pierden.

Y no, por favor, no lapidéis a la lengua, recordad al lebrijano (Andalucía) Nebrija, alumno de esta casa y autor de la primera Gramática de esta lengua – castellano* – que día a día y sin desmayo asesináis con vuestros los/las o las/los, vuestra “@” y vuestro ninguneo al artículo determinado.

Y el que quiera, que se de por aludido.

 

*CE, Art. 3.1: “El castellano es la lengua española oficial del Estado”.

 

 

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Camino de Damasco

Como ustedes certeramente habrán imaginado, el título se refiere a la conversión súbita (bueno, estuvo tres días ciego; interprétenlo como quieran) que San Pablo experimentó camino de Damasco, pasando de ser un perseguidor de los seguidores de Jesús a ser uno más (el que más) entre ellos. La historia la pueden leer en multitud de fuentes.

Son muchos los que el pasado 30 de Noviembre experimentaron, supongo, una especie de orgasmo místico de fuerza 5 (al menos, tipo ciclogénesis explosiva), que les convirtió, de caminantes hacia Damasco, a caminantes hacia otro destino: los brazos del nuevo Rector. Ya les he dicho antes en estas mismas páginas que no me encontraba en Salamanca en la semana en la que se celebró la segunda vuelta de las elecciones a Rector (30 de Noviembre de 2017). Pero los comentarios que las mismas personas vertían en la semana anterior, a los que pude oír de sus mismos labios en la semana siguiente, distaban unos de otros como antípodas. Parece que algunos, seguros de un resultado que no es el que resultó, habían estado acercando sus velas a una llama equivocada y cuando se percataron de su error se arrepintieron del mismo, renegando de Satanás y todas sus pompas, desprendiéndose de las velas así encendidas y agarrando, aunque fuese por la mínima, nuevas velas que acercar a la llama que va a arder en esta universidad en los próximos cuatro años (incluso se adelantaron a Janucá). Creen que son muchas las gabelas que aun quedan por asignar, muchos los carguillos que quedan por decidir, y son muchos los ociosos en esta mesosociedad, ansiosos y deseosos de un sillón, de un despacho con moqueta y de secretario (y de dispensa docente, dicho sea de paso, sustituida por jugosos viajes de representación). Para conseguirlo había que abjurar de unos y vociferar fidelidad a otros. Y así lo han hecho.

¡Magnífico, guárdate de los idus de diciembre, aunque lleguen con cinco días de retraso! (Y de los de enero, y de los de febrero, y de los de marzo, y …)

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Honoris causa

A pesar de mi múltiples veces manifestado rechazo a la concesión del doctorado honoris causa sin ton ni son (bueno, sin ton ni son no, perdón, sino para para devolver favores que uno ha recibido, pero pagando la devolución la universidad, o para hacer favores que paga la universidad y esperar que nos beneficiemos personalmente de los mismos; pruebas tenemos a montones), desde aquí propongo solemnemente y como uno más de los fastos del octavo centenario de la creación de este Estudio, la concesión del doctorado honoris causa por esta universidad al Sr. D. Antonio Fraguas, conocido artísticamente como Forges.

La razón para tal propuesta la pueden ver ustedes en el chiste que el Sr. Fraguas publica hoy en el diario EL PAÍS; no les copio el dibujo para no incurrir en problemas de derechos de autor, pero aquí les dejo el enlace y, además, se lo voy a contar:

Imagínense la escena: Un hombre y una mujer (no se sabe si son pareja, pero eso es ahora mismo irrelevante) sentados en sendos sillones orejeros. Ella dice: “¡Que aburrimiento!”. Él contesta: “Podríamos ir a estorbar a la Plaza Mayor”, a lo que ella contesta “Eso, eso”.

¿Me quieren decir ustedes si alguien ha captado con mayor finura lo que se les viene encima hoy a los residentes en Salamanca alrededor de la citada Plaza Mayor? Sí, efectivamente, se celebra, con el beneplácito de las máximas autoridades municipales, la mal denominada Nochevieja Universitaria, de la que, como ya dijo el Sr. Rector Magnífico (saliente), “Ni es Nochevieja, ni es universitaria”, pero eso da igual; se celebra y punto, porque lo digo yo y no sabe usted con quién está hablando.

Así que ahí queda mi propuesta: no puede describirse lo que en realidad es la Nochevieja Universitaria en menos palabras y con mayor sorna y retranca.

A su salud.

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Nostalgia y memoria

Debía ser complicado para los escritores de otros tiempos esculpir aforismos para la posteridad sin poderlos rematar con «según dice un estudio», que siempre da más autoridad a cualquier sentencia que a uno se le ocurra; al fin y al cabo, nadie va a reparar en su rigor o en si tan siquiera existe. Así, por ejemplo, Proust nos dejó escrito que «el recuerdo de las cosas pasadas no es necesariamente el recuerdo de las cosas tal y como ocurrieron» y sólo podía cruzar los dedos para que el lector se lo creyera… Mientras que hoy en día le hubiera bastado rematarlo con dicho latiguillo y respirar tranquilo, porque, efectivamente, hay un estudio que lo confirma: la memoria reescribe el pasado añadiendo información y emociones del presente. Somos tan creativos recordando, de hecho, que la nostalgia es el material con el que se han forjado innumerables obras maestras de la literatura, el cine y la música. Muchísimas canciones nos han hablado de aquellos momentos de esplendor que tal vez nunca existieron y que definitivamente ya no volverán.

Lo que ahora contamos, preñado de nuestras emociones, se convierte en lo que pasó, sustituyendo a lo que realmente pasó.

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