Los Reyes Magos y las elecciones

Quizá sea la infancia la época en la vida de un individuo en la que la felicidad pueda ser absoluta: desconocedores de lo que en realidad es la felicidad, la disfrutamos sin temor a que termine. En función de la cultura en la que uno haya crecido y haya sido educado, al menos las personas de mi generación tenemos asociada la infancia a, por ejemplo, la fiesta de los Reyes Magos, la Epifanía, cuando esos seres maravillosos de Oriente se manifiestan en forma de regalos caídos del cielo, en pequeñas gotas y en todo su esplendor en la noche del 5 de Enero. Por eso quizá siempre hay momentos en los que deseamos volver a nuestra infancia, en la que la felicidad era gratuita y amplia.

Volver atrás no siempre es bueno, a pesar de eso que se dice de que Cualquier tiempo pasado fue mejor, pero es indudable que si el mundo gira (“…nello spazio senza fine …”), también lo hace la vida de uno y estamos siempre volviendo al mismo punto, en un bucle infinito.

Esa es, precisamente, la sensación que percibo tras haber asistido a mítines (del inglés meeting, encuentro, aunque en algunas ocasiones parece que asistimos a verdaderas ultreyas) de todos los candidatos a Rector de la USAL (y si a alguna reunión no destinada a explicar el programa electoral, ha sido por razones de puro agradecimiento personal). Miren: desde que llegué a esta universidad hará 36 años el próximo mes de Diciembre, he asistido a, creo, nueve procesos de elección a Rector, bien en votación directa o a través del Claustro. Y ahora, en este mes de los muertos del 2017, revisito los mismos escenarios, oigo las mismas cosas que en casi todas, si no todas, las ocasiones anteriores: aumento de plantilla de profesorado, atención al impresionante y nunca suficientemente reconocido trabajo del PAS, actividades extraescolares para los alumnos, reforma de edificios, guarderías para los hijos (y ahora también para los mayores) de los trabajadores de la universidad, ilusión por algo nuevo, necesidad del cambio, Erasmus, la biblioteca de Humanidades, … vamos; nada nuevo bajo el sol.

Es cierto que se han incorporado algunos temas nuevos, esas cosas en las que parece que todos están de acuerdo en que deben mencionarse, pero que cada vez más me recuerdan la historia del Rey Desnudo. Me refiero a esas palabras nuevas que se han colado en el lenguaje universitario (y otros). Por ejemplo, gobernanza, que suena casi tan antiguo como sedición, palabra que yo creía restringida al siglo XIX (Me perdonarán, pero cada vez que la oigo,  gobernanza, veo inmediatamente a una señora mayor, con cara avinagrada, cabellos grises sucios, estirados y recogidos en un moño en la nuca, con una blusa a listas grises y blancas abotonada hasta el cuello y cerradas las mangas en el puño, con una falda de vuelo amplio hasta el suelo y delantal de color indefinido, de cuya cintura cuelga un aro de hierro con una docena de enormes llaves oxidadas; ya sé, ya sé que sería la gobernanta, pero, ¡qué quieren! la dislexia auditiva juega a veces estas pasadas). Por ejemplo, también, internacionalización, otro de los tótem que hay que acoger en nuestra vida y que tiene que asumir como propios cualquier candidato que quiera tener opciones de ganar. Ya parece que pasó aquella época de la excelencia, la calidad, empoderamiento y poner en valor y otros.

¿Qué quieren que les diga? Pues que acudiré a votar, sí, esta vez lo haré, en la certeza de que aunque algo parezca que cambie en los próximos cuatro (o incluso ocho) años, algunos de los jóvenes que también acudan, podrán ver, dentro de un par de decenas de años, que todo ha vuelto a lo mismo que hoy tenemos y seguirán oyendo las mismas promesas que hoy oyen. Y no, no es mi postura fatalista, sino realista (de “real”, no “royal”, utilizando el inglés para desambiguar).

Esperemos, de todos modos, que el próximo Rey Mago nos traiga todo lo que nos promete … y la pléistéishon.

 

P.S. Lean lo que escribí hace casi cinco años.

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¡Que paradoja!

Hoy, que comienza el segundo capítulo de la borrachera institucionalizada al celebrarse, según el santoral católico, la festividad de San Alberto Magno, patrón de las facultades de Ciencias (el primer capítulo fue a mediados del pasado mes de Octubre, con la celebración de la festividad de San Lucas, patrón de las facultades de Medicina), se celebra también, por lo visto, el Día Mundial sin Alcohol, otro más de los días mundiales de … . Lo pude ver anunciado ayer en uno de esos paneles luminosos que el Sr. Alcalde ha colocado en diversos lugares de la ciudad y que tanto ayudan a la distracción de los conductores, y lo he comprobado en la prensa se hoy.

Que sea leve y a disfrutar, que son dos días (17 en total hasta final del curso), aunque ¿dónde queda la laicidad de este país y de esta Universidad?

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Los suplentes

Siempre están ahí, aunque no los veamos, aunque no les echemos cuenta alguna. A veces se esfuerzan junto con  los titulares para conseguir unos objetivos, pero éstos, cuando se alcanzan, se atribuyen casi exclusivamente a los titulares. Incluso aunque hayan sido los suplentes quienes les hayan facilitado, aplanado, el camino, para llegar los titulares en casi el último momento y llevarse todos los laureles y todos los premios. Lo óptimo es que hayan estado trabajando todos a la vez, ayudándose entre sí, pero algunas personas prefieren simplemente a los titulares, despreciando e ignorando la contribución de los suplentes.

Pero llega un momento en que los titulares ya están agotados, no dan más de sí. El problema es que no quieren reconocerlo nunca, pero hay que sugerírselo, aclarárselo, convencerlos, de que su tiempo, su momento, ha pasado. Y ha llegado el tiempo de los suplentes. Y éstos, los suplentes, quizá nos sorprendan por su capacidad, desconocida aunque quizá temida, para alcanzar los mismos o incluso mejores logros que los titulares, trabajando concienzudamente, tocando teclas, para alcanzar su éxito, en las que quizá los titulares no habían caído en todo el tiempo que fueron los reyes del mambo. No olviden que suele haber dos suplentes por cada titular, cada uno con unas funciones y habilidades específicas, que siempre estuvieron al servicio de los titulares.

Sí, no lo duden, los suplentes pueden hacerlo mucho mejor que los titulares, el único problema es que les dejen hacer su labor.

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Arquitectura

Según el DLE es el “arte de proyectar y construir edificios”. Definición sucinta y, por tanto, incompleta, pero adecuada.

No soy arquitecto; conozco a varios y no solemos hablar de Arquitectura (ni de Química), pero hay algunas ideas básicas que sí creo conocer. Por ejemplo, que un aspecto muy importante del edificio es su durabilidad y, sobre todo, su estabilidad, dependiente en gran medida de sus cimientos y que es muy importante prever también las condiciones, por ejemplo sísmicas, en que el edificio debe sobrevivir. Pero sea como sea, los cimientos son fundamentales.

También saben ustedes que a lo largo de la Historia ha sido muy frecuente que sucesivas civilizaciones se asienten sobre aldeas, poblados o ciudades de civilizaciones anteriores, bien exactamente sobre (Augusta Emerita-Mérida; Ispal-Hispalis-Sevilla) o muy cerca. Los edificios construidos por civilizaciones anteriores se han utilizado con frecuencia como punto de partida o sus materiales como componentes para los nuevos edificios (columnas romanas o visigóticas en edificios de la España musulmana, por ejemplo).

En principio y cuando no se contaba con la tecnología actual, los materiales con que se construian los edificios y sus cimientos debían ser, muy probablemente, los que se encontraban cerca de donde se iba a construir. Salvo, que yo sepa por lo que he leído, los celtas o pre-celtas que construyeron Stonehenge y que parece que transportaron las piedras desde el sur de Gales, al otro lado del Canal de Bristol.

Naturalmente optaríamos siempre por los mejores materiales (mimbres) a nuestra disposición, pero estaríamos siempre limitados por la calidad de esos materiales. Uno puede, sin embargo, ser optimista y suponer que los materiales que uno elige, entre aquéllos de los que dispone, son adecuados para los cimientos y a partir de ellos elevar un bonito y esbelto edificio. Éste aguanta, realiza su función (viviendas, oficinas, eventos, distracciones, …) hasta que llega un momento, en muchas ocasiones, en que los cimientos comienzan a fallar. Bien por problemas que no se habían detectado en origen  (algo parecido a los defectos o vicios ocultos), bien sea por problemas de fatiga de los materiales, bien sea por haber estado sometidos a estrés excesivo, factores en definitiva no anticipados por el arquitecto.

En cualquier caso, el edificio comienza a fallar, sus moradores lo abandonan y poco a poco comienza a envejecer, desmoronándose y no siendo ni sombra de lo que llegó a ser. Esto puede ocurrir en plazos cortos o en plazos largos, dependiendo de muchos factores y quizá sea el irremediable fin fatalista que espera a cualquier edificio.

Sin embargo, me imagino que lo peor es que eso ocurra en vida (no sé expresarlo de otra manera) del arquitecto que lo diseñó, que escogió (o creyó escoger) con sumo cuidado y mimo los materiales, pero que, o bien no realizó adecuadamente esa selección o, en definitiva, resultó engañado por unas aparentes bondades del material que al final resultaron inexistentes. Soy capaz de imaginarme la desilusión, la apatía en que el arquitecto caerá cuando, ya anciano o, al menos, sin fuerzas para comenzar de nuevo la búsqueda y selección de los materiales y comenzar de nuevo el diseño y construcción del edificio (distinto, renovado, actualizado, moderno, en comparación al desmoronado), decida dejarlo correr, a su albur y se siente, solo, cual Felipe II en su silla de piedra, no a ver erigirse su obra, sino a ver cómo su obra, en la que tanto empeño y cariño puso, termina siendo un montón de polvo, arena y quizá ceniza, sin posibilidad de renovación como el ave Fénix.

 

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Densidades y tetillas

Fíjense en la figura que les muestro. Se trata de la representación de la densidad de estados en función de la energía de los mismos, de acuerdo con la teoría de bandas (no se preocupen de momento de la línea discontinua). Un poco duro, ya lo sé, pero es una de las cosas que estudian los físicos y los químicos de Estado Sólido, aunque no sería malo que otros profesionales también conociesen su significado y relevancia.

La densidad de estados energéticos en un sólido crece de forma más o menos correspondiente a la raíz cuadrada de la energía de forma continua (línea continua-discontinua) en el modelo del electrón libre, pero si los electrones están sometidos a un campo de potencial periódico (como en un sólido cristalino, por ejemplo), surgen las anomalías que la curva presenta: primero un pico máximo y luego un descenso abrupto hasta alcanzar un valor nulo; en otras palabras, hay ciertos valores de energía para los que la densidad de estados es igual a cero (el famoso band gap). Sigue siendo un poco duro, pero sólo hasta aquí.

La forma de la curva recuerda en cierto modo al famoso queso de tetilla (caída o erecta, según gire usted la cabeza a la izquierda o a la derecha) gallego, pero la forma de esa curva representa, quizá, también otra cosa.

Yo le he encontrado una cierta analogía (ya saben ustedes que yo encuentro cosas muy raras a veces) con el proceso que experimenta la vida profesional, por ejemplo, de un profesor universitario, en lo dedicado a una de las funciones que le son inherentes, la investigación.

Al principio aprende, produce, rellena su curriculum, hasta llegar a un máximo, más tarde o más temprano; evidentemente, en función de la propia persona y de las circunstancias que le rodean, la curva estará más o menos extendida horizontalmente y el pico máximo, si lo hay, será más notable o menos. Y posteriormente viene el decaimiento hasta la tranquilidad absoluta; también aquí es obvio que la pendiente de la curva descendente puede ser más acusada o menos.

¿No les parece? Al principio de nuestra carrera profesional lo tomamos todo con ímpetu, nos parecemos a Sancho el Fuerte (o el Bravo) y nos queremos comer el mundo sin que éste nos coma; podemos alcanzar un/el éxito y debemos, por supuesto, estar contentos con nuestro trabajo y lo que el mismo supone y conlleva. Una vez alcanzada esa cima debemos ser conscientes de nuestras limitaciones, aunque sólo sea por razones obvias, debemos empezar a dejar que sean otros, a los que animamos a que hagan ahora el esfuerzo grande e intenso, para que la máquina no se detenga; poco a poco (o rápidamente, depende de la pendiente de la curva descendente) iremos haciendo mutis por el foro y nos olvidaremos (ojalá) y nos olvidarán (ojalá), aunque hopefully, como dicen los ingleses, quizá alguien recoja aquéllo que hemos hecho (ese pico máximo) y lo utilice para repetir, en sus circunstancias personales y de entorno, el proceso. No, no es que hayamos pasado a ser Sancho Panza, sino que debemos serlo y ese pancismo será más o menos acusado, según cada uno.

Dejémonos, pues, llevar, y completemos nuestra carrera profesional sin un ruido, haciendo cuando debemos hacer y dejando hacer cuando debemos dejar hacer. Hay que ser activo hasta cierto momento y saber retirarse a tiempo; los eméritos permanentes constituyen en muchas ocasiones una de las figuras más nefastas de la universidad.

 

P.S. Le he mostrado este artículo a un amigo y dice que la curva le sugiere la representación de un orgasmo masculino, con sus etapas de excitación, plateau,orgasmo, periodo refractario y resolución. Sin comentarios. El femenino es más complejo.

P.S. 2: Esta “entrada” fue escrita el 20 de Septiembre de 2017.

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La perdiz

Hace unas semanas ví en la televisión (en La2, no se crean) una película dirigida por José Luis Cuerda titulada La viuda del capitán Estrada. Lo único que ahora me interesa (y por eso lo traigo aquí) de la película es un par de escenas en las que uno de los personajes (interpretado por Germán Cobos) tiene y cuida una perdiz. Y eso me recordó hechos de hace muchos años (cuanto más viejo es uno es bueno que tenga muchas cosas para recordar) cuando, viviendo en Levante, acompañaba a veces a mi padre y unos amigos a cazar a la mano (o “en mano”) por el alto Maestrazgo, entre Castellón y Teruel. Llevábamos tres perros (un setter irlandés, un pointer y un spaniel bretón) en distintas épocas y el objetivo eran perdices y, en menor medida, conejos o liebres. Sobra decir que casi siempre volvíamos con las manos vacías. En todo caso, un día de campo con madrugón incluido, alguna casamata de la Guerra Civil (era una zona de frentes de guerra y de maquis posteriores)  y romero, tomillo y todo lo que ustedes se puedan imaginar en el ambiente. Posteriormente, cuando nos trasladamos a  Andalucía, la cosa fue menos frecuente, pero recuerdo alguna salida por la parte de Fuentes de Andalucía, también con escaso éxito.

El personaje que interpretaba Germán Cobos tenía, como digo, una perdiz, en una jaula que creo especialmente diseñada para estos animales; algunos cazadores (aunque yo no los he visto) llevaban a una perdiz metida en esta jaula y la utilizaban como reclamo para atraer otras en libertad y así poder cazarlas. La jaula es especialmente martirizadora, pues la perdiz pega saltos cuando se asusta y es muy fácil que se golpee la cabeza con la parte superior de la jaula.

Es un animal curioso, la perdiz. Tiene un aspecto altivo y la mezcla de colores me parece muy adecuada y bien combinada; llamativas las patas rojas, que, de bajo hacia arriba, presentan primero una cierta esbeltez para, súbitamente, pasar a alcanzar un aspecto rollizo en una línea muy divergente y que, en la mesa, suele albergar algún perdigón (DRAE, cuarta acepción, no la primera) que otro. Así me los encontré yo en cierta ocasión cenando en las Bodegas Campos (no les importa a ustedes con quien compartí mesa y mantel); para mí, que soy poco comedor de carne, resulta un plato muy adecuado, pero difícil de encontrar y en el punto de sabor que a mí me gusta.

¿O eran codornices?

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¡Elecciones!

Finalmente y tal y como había anunciado, el Sr. Rector de la USAL ha convocado hoy (18 de Octubre de 2017) las elecciones para sucederle en el cargo.

En este momento parece que ya hay candidatos confirmados (supongo que serán aquellos catedráticos que han formalizado su candidatura y ésta ha sido aceptada), pues por lo que se refiere a precandidatos, TODOS los catedráticos con dedicación a tiempo completo lo somos. Por lo que no cabe descartar que, hasta el mismo momento del cierre del plazo para la presentación de candidaturas, surjan más candidatos.

A partir de ahora comenzarán (si no lo han hecho ya) los actos de propaganda para publicitar el programa que se pretende desarrollar desde el Rectorado, presentar a las personas que ocuparán los cargos más relevantes del equipo, etc.

Y ahí comienza lo bueno. Al menos por lo que hoy parece, habrá cuatro candidatos (creo que hace unos años hubo seis). ¿Nos convencerán en sus mítines o, como ocurre en las elecciones generales, iremos al mítin de nuestro candidato a que nos convenza de lo que ya estamos convencidos? ¿Qué pasa si vas al mítin de un candidato? ¿Te marcan ya como de su cuerda o se  supone que vas a enterarte, o por deferencia, o por educación o porque no tienes otra cosa mejor que hacer? ¿Qué pasa si no vas al mítin de un candidato (o de dos, ya que este año hay donde elegir)? ¿Se supone que no te gusta? ¿Se supone que no lo vas a votar?

En estas cosas hay que estar muy pendientes de lo que digan los medios para así poder no hacerles caso e incluso sonreírnos de su ingenuidad. Hace unos días, cuando se publicitaron las listas prácticamente definitivas de candidatos y equipos, un periódico decía (no recuerdo si exactamente con estas palabras) que los candidatos habían pretendido contar con representantes de la mayor parte de los centros y en algunos casos las facultades estarían divididas. ¡Vaya bisoñez! ¡Vaya ingenuidad! ¡Vaya cuento! En primer lugar, esos señores que aspiran a ser nombrados a dedo como vicerrectores no representan a nadie, sólo se representan a sí mismos, nadie los ha elegido en ningún proceso electoral para que les represente. Y en segundo lugar, las facultades siempre están divididas; el hecho de que haya un candidato, bien sea a Rector o a ser nombrado a dedo (repito) como Vicerrector, no implica que arrastre el voto de todos los votantes de su Facultad; cada uno vota a quien le da la gana, bien sea de su Facultad o sea de otra; si es de su propia Facultad probablemente algunos encontrarán razones para votarlo y otros para, precisamente, no votarlo. El único que es elegido como representante, y es de la universidd, es el señor Rector.

En fin, de momento no hay candidatos de mi Facultad, por lo que no tendré, según lo que este periódico supone, que dividirme con nadie de mi Facultad; incluso entre los nombres de los candidatos – hasta el momento conocidos – a ser nombrados a dedo, me parece que tampoco hay nadie de mi Facultad. O, como no hay ninguno de mi Facultad, pues me abstengo y no voto, según el criterio del periódico.

Esto me permitirá asistir a todos los mítines electorales que se convoquen sin que se me tache de traidor, siempre que no coincidan con obligaciones académicas que me lo impidan, o que se celebren en los territorios periféricos de la universidad (cada vez me da más pereza viajar), o que coincidan con otras ineludibles obligaciones; que las hay, no crean ustedes.

Y, como escribí hace poco, creo que aun quedan puestos de segunda fila libres; ¡anímense, amigos! que igual les cae algo.

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Jo ara sí que tinc por

Tras el atentado terrorista en Barcelona el pasado mes de Agosto de 2017, en las manifestaciones de repulsa al mismo surgieron pancartas en las que podía leerse: “No tinc por” (no tengo miedo), en un intento de fortalecernos en nuestra forma de ser, nuestra forma de entender la vida y gritar muy alto que ese tipo de ataques no las va a modificar. Mentíamos, pues miedo teníamos, por supuesto, pero entendíamos que aunque la omnioportunidad del atentado terrorista nos deja indefensos, esa manifestación de valentía (no tinc por) era la única forma de decirnos a nosotros mismos que los podremos superar, sean los que sean y ocurran cuando ocurran; que el fatalismo de su inevitabilidad no nos podrá dominar nunca.

Sin embargo, ahora, yo sí que tengo miedo.

Jo ara sí que tinc por porque se me están cayendo muchos de los soportes en los que confiaba no voy  decir ciegamente, pero sí en los que tenía depositadas muchas confianzas.

Jo ara sí que tinc por la torpeza de todos y porque al victimismo calculado de unos y sus actitudes netamente jesuíticas con reserva mental, se suma y complementa la obcecación exclusiva al pie de la letra impresa sin ningún espíritu conciliador de los otros.

Jo ara sí que tinc por porque si se ha cometido un delito tipificado debe hacerse frente a las consecuencias, pero dialogar no es sólo negociar, sino quizá en mayor medida convencer.

Jo ara sí que tinc por porque una cosa es tener que convivir con un terrorismo que te puede tocar como la lotería (aunque no juegues) y otra es ser testigo de enfrentamientos violentos en los que más tarde o más temprano te vas a ver implicado.

Jo ara sí que tinc por porque el sentido común, el seny, parece que ha abandonado a todos los actores de esta tragedia, aunque algunos se lo tomen como comedia, pues quizá lo sea para ellos.

Jo ara sí que tinc por porque a rebufo de estas broncas, de estos desacuerdos y de estos empecinamientos, están surgiendo nuevamente actores que creíamos olvidados y que pueden arrastrar al todo a un pasado que creíamos ya lejano y definitivamente enterrado.

Jo ara sí que tinc por porque del enfrentamiento a veces elegante (a veces no) de las ideas en los parlamentos, se está pasando al enfrentamiento físico de personas a veces arrastradas por unas ideas, a veces unos ideales y muchas veces engañadas, al prometerles una utopía que otros ven como distopía.

Jo ara sí que tinc por porque me da la impresión de que se juegan en un terreno cosas distintas a las que se dicen, mirando más vehementemente a los intereses de partido que a los intereses generales.

Jo ara sí que tinc por porque los medios y las denominadas redes sociales se utilizan no ya para mantener a las personas informadas y conectadas, sino también en gran medida para mentir descaradamente con informaciones no sesgadas ni manipuladas, si no manifiestamente falsas que no conectan, sino que desunen.

Jo ara sí que tinc por por lo que muy acertadamente señala hoy Antonio Muñoz Molina sobre contar a algunos extranjeros la verdad sobre la España de hoy, haya que contarla también a muchos de aquí.

En fin, jo ara sí que tinc tristor por lo que quizá podría cantar Ana Belén en su Yo también nací en el 53 “…de entregar un nuevo siglo distinto del que soñé …”

Jo ara sí que tinc por.

P.S.: Comencé a escribir estas líneas el día 12 de Octubre y las finalizo mediado el 15 del mismo mes; lo especifico porque el vértigo de los hechos y de las informaciones sobre los mismos puede seguramente hacer que estos comentarios resulten obsoletos en el momento en que usted los lea.

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El tiempo verbal

Recuerdo, no sé por qué, aquella Enciclopedia Álvarez que todos los de mi época y anteriores y posteriores estudiamos en la escuela. Como enciclopedia, lo contenía todo: matemáticas, religión, lengua, historia, geografía, ciencias naturales, …

Y recuerdo las conjugaciones de los verbos regulares: primera conjugación (terminados en -ar, ejemplo amar), segunda conjugación (terminados en -er, temer) y tercera conjugación (terminados en -ir, partir). Para cada uno de estos tres verbos-modelo había una tabla que ocupaba una página entera de la enciclopedia, en la que se indicaban el indicativo, el subjuntivo, el imperativo, gerundio y participio (si no recuerdo mal, que ya hace más de 55 años).

Luego, dentro de cada modo (y me refiero específicamente ahora al indicativo) se especificaba el presente, el pasado y el futuro. Y mientras que el presente sólo tiene una forma (como, bebo), el pasado tenía creo que cuatro (he comido, comía, había comido, comí, hube comido) y el futuro dos (comeré, habré comido).

Evidentemente, esta multiplicidad de pasados supone una dificultad relevante en el aprendizaje de esta lengua, pues los pasados indican cosas distintas en el tiempo en que se han realizado (o realizaron) que a un extranjero no familiarizado con la lengua castellana (como la diferencia entre ser y estar para un inglés, que lo resuelve con el único to be) le pueden resultar difíciles.

Por ejemplo:

Tengo ganas de verte es claramente un presente, en este momento tengo ganas de verte.

Tuve ganas de verte es claramente un pasado, pero un pasado cuya acción ya ha terminado: tuve ganas de verte, pero ya no tengo ganas de verte; el tener ganas de verte se acabó. Es lo que se llamaba (no sé si se sigue llamando así) un pretérito indefinido.

Entre ambas situaciones queda el Tenía ganas de verte, que con razón se denominaba pretérito imperfecto, pues no sabemos si aquellas ganas que tenía alguien de verte siguen existiendo o se acabaron. Es imperfecto precisamente por lo impreciso.

Bueno, y para acabar de completarlo, tenemos los compuestos (me parece que así se llamaban, en contraposición a los citados, que son simples), que serían, con este ejemplo, He tenido ganas de verte (pretérito perfecto), Había tenido ganas de verte (pretérito pluscuamperfecto) y Hube tenido ganas de verte (pretérito anterior).

Otro día más.

(De todos modos, no me hagan mucho caso; yo no soy de Letras).

 

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Sí señor; no señor; no no señor

Don Ángel Síseñor era un personaje creado por el dibujante Vázquez cuyas historias aparecieron regularmente en el DDT, editado por Bruguera. El nombre venía del hecho de que a TODO lo que le preguntaban, respondía “Sí, señor”; fuese lo que fuese, su respuesta siempre era positiva. Un poco triste y lánguido, no tan divertido como Carpanta, Mortadelo y Filemón, las Hermanas Gilda o la familia Ulises (no olvidemos a Zipi y Zape). De todos modos, el hombre  no se metía en problemas y era un poco soso, pero, en cierto modo, caía bien a todo el mundo.

Un caso opuesto lo tenemos en esa gente que a todo dice que no. Esa gente que se queja de todo; esa gente que, políticamente, si estamos en una monarquía, suspira por una república; y si vive en una república, suspira y bebe los vientos por una monarquía. Esa gente que bajo una dictadura se declara (ojo, se declara sólo) demócrata de toda la vida, pero que cuando se instaura un régimen democrático, defiende los valores de la dictadura sobre todas las cosas. Eternos amargados, eternos desagradecidos, víctimas propiciatorias (según ellos) vamos, en absoluto la alegría de la huerta. Lo de carpe diem (o noctem) parece que no va con ellos.

Y, por último, tenemos una situación peculiar que no es ni la primera ni la segunda de las que les he descrito, la de aquellas personas que no dicen que sí a todo, pero que tampoco dan nunca un “no” como respuesta. Son las personas que a cada interlocutor le dicen lo que éste quiere oír, es decir, no le dicen que “sí” tajantemente, sino que dicen “claro, claro, tienes razón”; cuando llega otro y le propone lo opuesto, se descuelgan con “por supuesto, eso es lo mejor”. Uno podría pensar que finalmente hacen lo que les da la gana, pero ni eso: por no hacer, no hacen ni lo que les da la gana, simplemente están, pero sin ser. Dejan que las cosas se pudran por sí solas y al final, como es tal el cúmulo de noticias y hechos históricos que acaecen diariamente, nadie se acuerda ya de lo que dijeron que iban a hacer o de lo que dijeron que nunca harían y, finamente, salen por peteneras. Y si les recuerdas “Pero, ¿no me habías dicho justamente lo contrario?”, responden “Claro, pero es que dadas las circunstancias …”, al tiempo que se encogen de hombros y levantan las cejas mostrando unos ojos como platitos. Y ahí quedan, en plan hombre-corcho, siempre flotando, siempre salvándose del hundimiento y mirando felices y con la satisfacción del deber, según ellos mismos, cumplido. ¿A quién quieren engañar?

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