Costumbres, tradiciones y protocolo

Dicen que el hombre es un animal de costumbres; salir de la rutina es cierto que nos cuesta, habitualmente.

Hay costumbres que se convierten en tradiciones; que estén o no para romperlas es tema de otra discusión y no voy a entrar en ella (de momento). Pero cuando en nuestra sociedad, trabajo, o entorno del tamaño que sea existe una tradición, hay que respetarla y acogerse a ella; en otras palabras, va en el sueldo.

El protocolo es el conjunto de normas que regulan el desarrollo de una tradición (hay más acepciones, pero me quedo con ésta). Y si uno tiene que participar en una tradición, debe conocer el protocolo correspondiente. Los ritos religiosos, las ceremonias palatinas, son quizá las situaciones en donde en mayor medida el protocolo marca su desarrollo, pero también ocurre en otras ocasiones. Y si uno no conoce el protocolo, simplemente, pregunta, así de sencillo.

Preguntar es una demostración de falta de conocimiento y una demostración de ansias de saber. Una cosa no quita la otra y uno no está obligado a saberlo todo de forma automática e infusa y siempre ha sido encomiable el deseo de saber. Uno no se degrada ni rebaja por preguntar. Y si uno pregunta cómo debe comportarse en una situación que desconoce, lo único que está pretendiendo es conseguir que esa situación se desarrolle correctamente, sin sobresaltos ni meteduras de pata y acorde a la costumbre y la tradición.

Lo malo es cuando nos topamos con personas que, aparte de su conocimiento infuso infinito, han sido marcadas a fuego con un marchamo (cual chorizo de Guijuelo) de sabio universal. Suele ocurrir cuando uno accede a un cuerpo o conjunto de élite distinguido (o cree haberlo hecho o cree que el conjunto lo es) o accede a puestos de responsabilidad. Ahí terminó el preguntar; ahí  apareció el conocimiento infuso, a modo de paloma mensajera o tercera persona, de lengua de fuego quizá, sin necesidad de caerse del caballo. No se pregunta; se hace y basta y si a alguien no le gusta, que se aguante, que para eso aquí mando yo.

No es lo mismo estar porque se es que ser porque se está. Y si uno no entiende esto, simplemente, apaga y vámonos.

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