Cuentan de un sabio

Cuentan de un sabio que un día
tan pobre y mísero estaba,
que sólo se sustentaba
de unas hierbas que cogía.
¿Habrá otro, entre sí decía,
más pobre y triste que yo?;
y cuando el rostro volvió
halló la respuesta, viendo
que otro sabio iba cogiendo
las hierbas que él arrojó.

Es un fragmento de La vida es sueño, de Pedro Calderón de la Barca, ex-alumno (aunque ahora debemos poner exalumno, RAE dixit) de la Universidad de Salamanca. Cuando con menos de diez años, tuve que memorizar esta historia, junto con algunas de Gabriel y Galán, Hartzenbusch, Esopo y otros (ya saben, Micifuz y Chapirón empeñados en comerse un capón en un asador metido; o el pobre viudo, que el día del duelo vienen a embargarle, o las dos mil moscas en el panal de rica miel), imaginaba al sabio, calvorota y barbado, con una toga raída, descalzo entre los zarzales, recogiendo hierbas y mascándolas, pero con la mirada serena, perdida en el horizonte, seguro de tener encargada una misión transcedental en la vida y estar realizándola más que correctamente. Consecuencias de la Enciclopedia Álvarez, supongo.

La verdad, creo que esa era una de las muchas forma de imaginarse la obra, poniendo imágenes al texto.

Pero podemos verlo desde un punto de vista externo, como lo haría un espectador ajeno al drama. Por ejemplo, si tenemos  un líder que no nos gusta y viene otro, al cabo de poco tiempo nos damos cuenta que resulta, incluso, peor que aquél del que nos hemos deshecho.

También puede interpretarse con el refrán otro vendrá que bueno te hará, es decir, que por muy mal que lo hagamos, el que nos siga seguro que lo hará peor, lo cual no deja de ser una alegría para nuestro ego.

Estaría esta interpretación de acuerdo con el segundo principio de la Termodinámica, al que tanto se ha recurrido recientemente y que predice la muerte térmica del universo, cuando exista un equilibrio entre todas las temperaturas y presiones. Esta situación estará favorecida por un sistema igualitario, en el que todo esté en equilibrio. Si, como decía Summers, To er mundo e güeno y resulta que todo el mundo sirve para todo, igual para un roto que para un descosido, iremos progresivamente avanzando hacia un mundo entrópicamente fallecido, pues todos habremos podido mostrar nuestras incapacidades, cada vez en mayor grado que nuestro antecesor, pero arropados por la esperanza de que quien nos suceda nos hará buenos con sus incompetencias. A fin de cuentas, parece que ese es el empeño de los actuales (y de sus inmediatos predecesores) regidores de la educación superior en España y de los aplaudidores que les acompañan en esta campaña (o cruzada, no sé, quizá sí por la fe con que parecen hacerlo), exigiendo y obligando a todos a participar en tareas para las que se requiere preparación, ganas y predisposición, entre otras virtudes, y a las que muchos se lanzan alegremente, sin preparación ni humildad para preguntar y asesorarse, creando una escuela y adláteres ya difíciles de eliminar o enderezar. Así nos va y así nos irá.

¡El fin del mundo se acerca!

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Una respuesta a Cuentan de un sabio

  1. Charro dijo:

    Tienes razón, no todo el mundo tiene que intervenir en todo: pastelero, a tus pasteles.
    Además, como decía mi abuela, “al que pa todo lo aplican, pa nada sirve”

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