No será universidad para viejos

No les voy a hablar de cine, aunque el título pueda sugerirlo. Les voy a comentar sobre el reglamento recientemente aprobado por el Consejo de Gobierno de esta Universidad en relación con el nombramiento de los profesores eméritos. Antes debo decir que me he resistido durante mucho tiempo a escribir sobre los profesores eméritos y los nombramientos honoris causa, dada la susceptibilidad que estos temas despiertan y la posibilidad de que alguien se sienta particularmente aludido u ofendido; nada más lejos de mi intención.

De acuerdo con dicho Reglamento, para optar a ser contratado como profesor emérito es condición necesaria el contar con el reconocimiento de seis tramos de investigación (reconocimiento hecho por una Agencia Estatal a partir de la producción científica, artículos, fundamentalmente, en revistas de prestigio reconocido y alto impacto) y seis tramos docentes (evaluación que hace la propia universidad). Es decir, que esta Universidad seleccionará a sus profesores eméritos basándose en criterios exclusivamente científicos (docencia e investigación), olvidando (¡muy bien!) o, al menos, llevando al mínimo, aquellos méritos relacionados con las actividades de gestión, la realización de cursos de formación o los relacionados con el Espacio Europeo de Educación Superior (vulgo Bolonia).

Y recuerden ustedes que, a tenor del borrador del Estatuto del Personal Docente e investigador, comentado aquí hace sólo unos días (6 de mayo de 2011), se establecen vías de acceso y progreso en la carrera docente que no exigen de ninguna manera el contar con méritos de investigación, basándose exclusivamente en haberse dedicado a tareas de gestión y a la realización de cursos y cursillos de innovación docente y de cualquier otro tipo (véase también el artículo sobre La póliza redonda del pasado 3 de abril de 2011).

Lo captan, ¿no? Por una parte se facilita un acceso a una posición por una vía que no requiere poseer méritos de investigación y, por otra, se exigen dichos méritos para poder acceder a la posición de emérito. La cuadratura del círculo: cuantos más profesores accedan a sus plazas por el baipás de las pólizas redondas, tantos menos candidatos a profesores eméritos existirán. No ocurrirá hoy, ni mañana (como el arrepentimiento de Ilsa si no cogía el avión a Lisboa), pues la mayoría de los actuales profesores en edad jubilable consiguieron su puesto cuando la gestión y las pólizas redondas no eran méritos elegibles, pero espérense unos quince o veinte años y verán. Con el ahorro económico (en términos de chocolate del loro) que eso supondrá.

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