El profesor agente comercial en la universidad

La evaluación de la actividad docente es uno de los cometidos de las denominadas Unidades de Evaluación creadas, con ésta o similar denominación, en todas las universidades. El profesor debe cumplimentar un cuestionario, que es una tarea muy difícil, pues se han organizado incluso cursos para explicarnos cómo hay que rellenarlo para alcanzar la máxima calificación (aunque es de agradecer, si no tendríamos que ir a las academias que proliferan por la ciudad) y los “jefes docentes” (director del departamento, decano, director de la escuela, etc.) del profesor a evaluar deben remitir también un informe. Uno de los apartados de este informe es el que se reproduce aquí.

Aparte de la estupidez semántica de “profesor/a”, que no va acompañado de “del/de la”, “presentados/as”, “alumnos/as”, aprobados/as”, matriculados/as”, es tremendamente curioso el dato a valorar: (A) tasa de presentados; (B) aprobados sobre matriculados y (C) aprobados sobre presentados (para los de letras: el valor de (C) se obtiene dividiendo el valor de (B) entre el valor de (A)).

Es decir, que a me van a valorar no sólo por mi capacidad para enseñar y transmitir conocimiento, sino también por el hecho de que otras personas, en uso de su libertad, decidan presentarse o no al examen, y decidan o no haber estudiado la asignatura.

De lo que deduzco que esto se convierte en una nueva obligación del profesor: si quieres ser bien evaluado, debes conseguir que tus alumnos se presenten al examen y, además, que lo aprueben. ¿Cómo? No lo sé, pero parece que nos convertiremos en representantes comerciales o técnicos de ventas, al estilo de los de los laboratorios farmacéuticos o de porteros automáticos (genial La Escopeta Nacional; gracias, Berlanga), para incentivar el estudio y la concurrencia a los exámenes. No sé, quizá haya que pagarles a los alumnos vacaciones en Cancún, o cursos de esquí en Baqueira, regalarles bolígrafos, calendarios y tacos de papel con el logo de la asignatura, una cesta por navidad (o una caja de bombones) … sinceramente, no lo sé. Pero es importante, porque tengan en cuenta que del resultado de esta evaluación puede depender el conseguir o no ciertos complementos económicos.

Pero ya sabemos cómo actuar, si este procedimiento de mercadotecnia falla: aprobar a todo el que se presente (hay quien ya lo hace, o casi), haya hecho bien el examen o no, total, no importa; tenemos tan asumido que en la universidad no se aprende nada, que da igual que el alumno esté un año o tres para aprobar una asignatura. El repetidor será una especie extinguida. Si quieren reirse un poco (o llorar) con el asunto de aprobar o no con Bolonia, conéctense aquí. De esta manera, al año siguiente se correrá la voz y aumentará el número de presentados y, con ello, el número de aprobados (pues sólo con presentarse, ya se aprobará).

Quien  se verá negativamente repercutida por esta actitud será la propia universidad: al no haber alumnos repetidores, que pagan tasas de matrícula más elevadas por las asignaturas que repiten, los ingresos de la universidad disminuirán. Habrá entonces que buscar un equilibrio entre el número de alumnos a aprobar y el importe de la matrícula de los repetidores para identificar el número óptimo de éstos para que, manteniendo un determinado porcentaje de repetidores (que no menoscabe, por supuesto, la posibilidad de que el profesorado reciba todos sus complementos económicos), la universidad no pierda dinero por la baja matrícula. ¡Bolonia, mon amour!

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2 respuestas a El profesor agente comercial en la universidad

  1. José María dijo:

    No sé qué hacemos (sobre todo, no sé qué hacen los jóvenes docentes ¿no están indignados como sus
    cuasi-coetáneos del 15-M?) que no montamos una pirula, una rebelión, un acto de insumisión ante estas auténticas horcas caudinas de la boloñesa.

  2. Fermin dijo:

    Buenas.
    Me ha gustado tu comentario sobre este tema aunque es un poco exagerado lo de “tenemos tan asumido que en la universidad no se aprende nada”, como todo habrá gente que aprenda o no aprenda en la Universidad, sepan aprovechar el tiempo o no, que se conformen con un simple aprobado o deseen aspirar a matrícula.

    Por cierto, me temo que con la crisis eso de los complementos….. van a terminarse, por lo que será un medio de que el docente tenga mas libertad de poner las notas y no pensar si esa nota negativa a los alumnos le podrá repercutir en sus complementos económicos docentes. Al final va a pasar como, presuntamente se piensa, en lo de las multas de Tráfico, a mayor multas mas incentivos salariales, en el caso del docente, a menores suspensos mayores complementos económicos.

    Saludos y buen fin de semana.

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