Bolonios Anónimos

Cuando uno se asocia a un grupo de XXX anónimos, mala señal. En estos grupos se persigue, ni más ni menos, que nos enfrentemos, a base de exponerlos públicamente, a nuestros problemas y pecados, para así poder superarlos. Quizá ustedes hayan visto la película “Vivancos 3 (si les gusta haremos las dos primeras)” interpretada por El Gran Wyoming, Javier Gurruchaga, Santi Millán y otros. Ahí tienen un buen ejemplo de un grupo de “Calvos Anónimos” (con Gurruchaga luciendo una sublime peluca negra, con puntas laterales hacia adelante y flequillo estilo El Príncipe Valiente; insuperable).

Vistas las múltiples quejas (por supuesto, no de los acólitos de la nueva fe) que se oyen sobre el proceso de adecuación a Bolonia (acaso sea porque sólo escuchamos a unos y no a los otros), quizá haya que pensar en establecer un grupo de Bolonios Anónimos en donde podamos exponer nuestras quejas, escuchar las de otros y así, conocer nuevas experiencias y cómo nuestros compañeros han podido (¿podido?) superar (¿superar?) estos problemas y traumas.

La cosa podría comenzar con una declaración al estilo de “Hola, mi nombre es Paco y soy profesor de enseñanzas de Grado en mi centro, siguiendo Bolonia”. A continuación, tras este primer susto y admisión del pecado, se hablaría, por ejemplo, de:

1.-Los problemas de cumplimentación de las fichas en sus muy diversos modelos, presuntamente a gusto del correspondiente responsable y sus asesores.

2.-Los problemas en las calificaciones de los alumnos (¿es obligatoria la asistencia a clase?).

3.-Las causas de una tasa de aprobados alejada del 100 %, a pesar de rebajar a límites escandalosos el nivel de contenidos de los programas y exigencia de los mismos, así como de lo declarado en la propuesta del plan.

4.-El poco tiempo que nos queda libre (como diría María Dolores Pradera) y en el que nos obligan, por ejemplo, a asistir a cursos de reciclaje, tan necesarios para cumplir con el programa Docentia (porque para otra cosa no sirven).

5.-Los absurdos calendarios de exámenes, encadenados en periodos de tiempo reducidísimos, sin tiempo  material ni para corregir (¿No piden los jueces siempre tiempo y calma para poder tomar importantes decisiones tras un análisis pormenorizado de la situación?).

6.-Los inasibles horarios, en donde no hay dos semanas consecutivas en las que tengas clase a la misma hora, en grupos grandes, reducidos o superreducidos. Y a los que los alumnos asisten cuando quieren y a los que quieren, con lo que algunos grupos quedan reducidos a cero alumnos.

7.-Cómo conseguir traspasar el problema de los fallos de Bolonia a la mala preparación de los alumnos en los cursos previos a la universidad.

8.-Alguna de las participantes se quejará de que los alumnos la llaman “Seño”, otros de que lo llaman “oye, tú”, lo cual requerirá replantear la relación de colegueo entre el alumno y el profesor.

Y habría que solicitar a las autoridades (¿qué autoridades?) campañas de prevención del efecto Bolonia, al igual que las campañas de prevención de otros peligros.

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