Mi Comunidad de Vecinos

Mi padre es el presidente de nuestra Comunidad de Vecinos. El secretario de la comunidad será el próximo presidente, pero tiene ansias de serlo ya. Quizá por eso no suele apoyar a mi padre en las discusiones que se plantean en la Comunidad, sólo lo critica, a ver si así mi padre se cansa y se va, aunque todo el mundo está seguro que si él fuese el presidente, haría lo mismo que está haciendo ahora mi padre.

Últimamente hemos tenido una movida bastante gorda, que aun no ha terminado. Un vecino que se llama Gerardo (y otros vecinos amigos suyos) han tenido varios problemas: no se han preocupado del mantenimiento de sus viviendas y al comenzar el invierno les han aparecido varias goteras. Con la excusa de que no tiene dinero (a pesar de lo cual se ha comprado un ferrari nuevo y se ha pasado tres semanas en Punta Cana), le ha pedido a mi padre para las reparaciones, aunque el problema no lo ha originado la Comunidad ni se ha dado en zonas comunes. Mi padre, que es un optimista compulsivo, se lo ha dejado, no sólo de lo que la Comunidad había ahorrado, sino también de su propio dinero. Y, ahora, para poder cubrir los gastos de calefacción, mi padre nos ha rebajado a mis hermanos y a mí la asignación semanal. Y los hijos de Gerardo y sus colegas, tan tranquilos, disfrutando ahora mismo en la nieve (por cierto, lo primero que hicieron cuando mi padre les dio dinero para reparar las goteras fue despedir a la asistenta del hogar, con la excusa de que no podían pagarle, y comprarse un yate). A todo esto, el secretario de la Comunidad no hace más que quejarse de cómo lo está haciendo mi padre y asegurando que cuando asuma la presidencia, él lo hará mucho mejor. Pero entre unos y otros la Comunidad ya no tiene un remanente con el que hacer frente a los gastos imprevistos, que de momento los está cubriendo mi padre con su propio dinero.

Pero no acaba ahí la cosa. Gerardo se ha divorciado de su mujer, Cloe, quien se ha quedado con el piso y se ha casado con Juan, que sigue los pasos del “ex” de su esposa: ahora ha venido a decirle a mi padre que nos rebaje más la asignación semanal, para así poder pagar la calefacción para todos e incluso le ha sugerido (a ver si cuela, supongo) que nos obligue a emanciparnos, especialmente a mis hermanos mayores, pues de esa manera mi padre podría aportar a la Comunidad las asignaciones semanales de éstos. Él dice que no, que, hombre, es sólo una sugerencia y que en otras Comunidades ya lo han hecho.

P. D. Han pasado algunas semanas desde que escribí lo anterior y ya el secretario ha pasado a ser presidente de la Comunidad. De momento no sabemos qué va a hacer, sólo ha dicho que lo que están haciendo en otras Comunidades vecinas le parece muy bien (no vean ustedes la bronca que armó en febrero pasado cuando mi padre dijo lo mismo), pero por lo demás es completamente hermético. Bueno, también anda diciendo (tanto él como unos amigos suyos) que lo que hay es un problema generalizado de todas las Comunidades de este vecindario, cuando hasta hace quince días parecía que hasta la culpa de las goteras era de mi padre.

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