Ne quid nimis

Quizá si usted ha superado los sesenta años recuerde una canción, popularizada a mediados de la década de los sesentas por The Spencer Davis Group, titulada Keep on running. Como en aquellos maravillosos años el conocimiento de idiomas por parte del españolito medio era mínimo (y hasta ahora; no sé yo D. Mariano, pero todos los que le han precedido en el cargo, quizá con la excepción de D. Leopoldo, daban una imagen patética en este sentido), era muy común que cantantes españoles las versionasen traducidas al castellano (Los Mustang se llevaban la palma con los The Beatles – como más de uno decía -, Los Salvajes con alguna de The Rolling Stones, etc.) y en este caso recuerdo yo la versión de Keep on running por Bruno Lomas, que tituló Corre, corre; también este cantante versionó a Adriano Celentano y su famoso Pregherò (Rogaré, en castellano), aparte de otras muchas.

El título, distinto, pero equivalente, se repitió después en la famosa película Deprisa, deprisa, de Carlos Saura (1981). Parecía que se trataba de vivir lo más deprisa posible, tener todas las experiencias pronto, ya y al alcance de la mano, para conseguir no se sabe qué. La película era un fiel reflejo de cierta sociedad y cultura del momento, lo que no sé si ese retrato hizo, a la larga, bien o mal a algunos.

¿Se ha superado este síntoma? ¿Hemos aprendido a tomarnos las cosas más pausadamente, dejando tiempo al tiempo y esperando, confiando, en que con nuestro trabajo las cosas lleguen cuando toque? Creo que no. No sólo pretendemos acumular euros (que sí), sino todo lo habido y por haber, bien sean bienes materiales o bien sean reconocimientos, premios y prebendas. Y no sólo mucho, mucho, mucho (quizá porque nos han educado, nos hemos educado en que la cantidad lleva pareja la calidad), sino que, además, pretendemos hacerlo deprisa, corre que se acaba. Porque, aunque no lo crean ustedes, no sólo es posible que sí, que si esperamos, puede que cuando lleguemos ya no quede nada, pero también es muy probable que nuestro afán recopilatorio acelerado venga definido por un miedo al vacío; no por no tener, no por no haber, no por no quedar, sino por miedo al vacío … de padrino, de mentor, de conseguidor (aunque éste niegue, ofendido, incluso su propia existencia), que nos ayuda en esta carrera infinita que es subir por la escalera, empujando a unos y otros. O, en otras palabras, aprovecha ahora, que no sabemos si mañana se podrá.

Afortunadamente, queda el consuelo de saber que no siempre es así; si te sueltan en un páramo tienes que buscarte cobijo (o construirlo), comida y abrigo. Entonces sí, debes conseguirlo deprisa deprisa, para que tú y los tuyos no resulten digeridos, somatizados por el sistema y anulados, que es lo que el sistema a veces pretende (o parece pretender) para que no destaquen sus propias carencias. Pero, les advierto, es muy cansado, quema y desanima, sobre todo cuando ves que los que deberían proseguir el trabajo, desarrollar y mantener lo conseguido, vuelven a sus andadas, a su dolce far niente, a ver la vida pasar.

P.S.: Ne quid nimis significa precisamente eso, nada con demasía.

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