Adoctrinamiento

Las nuevas autoridades ministeriales han anunciado su intención de eliminar la asignatura Educación para la Ciudadanía y sustituirla por Educación Cívica y Constitucional, dado que la primera “se convirtió en una asignatura con una carga de adoctrinamiento” (cita literal del Sr. Wert). ¿Me puede asegurar usted que la Educación Cívica y Constitucional estará exenta de dicha carga? ¿O es que si se cambia el signo de la misma ya no lo es? Porque en este país todos hemos sufrido un adoctrinamiento, en uno u otro sentido y con mayor o menor intensidad.

El Sr. Wert nació en el año 1950 y yo en el 1952; pertenecemos, por tanto, a la misma generación. Yo no sé si el Sr. Wert considera que fuese adoctrinado durante sus estudios primarios y secundarios, pero yo sí puedo contarles mi experiencia al respecto.

Adoctrinamiento es tener que elaborar trabajos multicolores sobre la Falange, el Movimiento Nacional y las figuras de los mismos desde los 6 hasta los 10 años en la Escuela Primaria (véanse las últimas páginas de cualquer edición de la popular Enciclopedia Álvarez).

Adoctrinamiento es tener que memorizar y cantar el Cara al Sol, himno de la Falange, así como una letra no oficial del Himno Nacional (al menos nos libramos del Oriamendi, himno de los requetés, aunque sus intentos hubo). Y conocer, aunque éstos no había que cantarlos continuadamente, Prietas las filas, Montañas nevadas y el Himno de la Legión.

Adoctrinamiento es obligarte a cantar el Cara al Sol durante todos los días del curso (de lunes a sábado, ambos inclusive) durante todos los cursos del Bachillerato antes de entrar en clase y con el brazo derecho extendido en 45º sobre la horizontal y con la palma de la mano abierta. Hay aquí que decir, por si ustedes no lo saben, que en aquella época el Bachillerato duraba seis o siete años. En mi caso siete (y no porque repitiese un curso), pues seguí el denominado Bachillerato Laboral, después rebautizado como Bachillerato Técnico. Los Institutos Laborales dependían inicialmente del  Ministerio de Trabajo (luego pasaron al de Educación Nacional), dirigido desde 1941 hasta 1957 por José Antonio Girón de Velasco, también conocido como el León de Fuengirola, cofundador de las JONS (Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista) en 1931, que  se fusionaron con la Falange en 1934. Sin olvidarnos de los gritos de rigor tras el himno.

Adoctrinamiento es tener que asistir todos los días del curso todos los cursos del Bachillerato al acto de izar banderas (la nacional, la de Falange y la de los requetés, tradicionalistas) antes de entrar en clase cantando el Cara al Sol y luego a media tarde al acto de arriar banderas.

Adoctrinamiento es tenerte en posición de firmes en el patio del instituto el 20 de Noviembre de cada año y obligarte a escuchar el testamento político de José Antonio, fundador de la Falange, fusilado en ese día del año 1936. Al acabar el acto, en fila de a dos y a la iglesia parroquial a escuchar misa, claro.

Adoctrinamiento es obligarte a seguir las clases de la asignatura Formación del Espíritu Nacional (¿más claro?) en la que en los primeros años nos contaban batallas gloriosas (Brunete, Belchite, el Ebro, …), las hazañas de la División Azul, etc. y en los últimos cursos nos impartían ciertas clases de política económica, siguiendo libros editados por La Ballena Alegre (por cierto, nombre de una tertulia literaria organizada por falangistas en Madrid durante la Segunda República y a la que asistía con asiduidad José Antonio). También en esta asignatura debíamos memorizar las Leyes Fundamentales del Reino (siete).

Adoctrinamiento es obligarte a memorizar y recitar sin errores los 26 puntos programáticos de la Falange (un vigésimo séptimo punto había sido retirado por Franco en el Decreto de Unificación de la Falange con los requetés), con aquéllo de “… unidad de destino en lo universal.”

Adoctrinamiento es empapelarte el instituto de carteles conmemorativos de los 25 Años de Paz en 1964 con consignas y eslóganes.

Adoctrinamiento es sugerirte que todo será más fácil si te inscribes en el Frente de Juventudes (su Ley Fundacional establecía en el Art. 7 que uno de sus fines era “La educación política, en el espíritu y doctrina del Movimiento”).

Seguro que hay más, seguro que hubo más y lo que me temo es que habrá más con la desadoctrinada Educación Cívica y Constitucional. Y dejaremos para otro día el no-adoctrinamiento religioso (incluidos los ejercicios espirituales de obligada asistencia y aprovechamiento). No se molesten en contarme adoctrinamientos de signo contrario, pues seguro que los hay y los hubo, aunque el mal de muchos no lo hace más llevadero.

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