Para poca salud, ninguna

Cuando lo oí no lo podía creer. Iba yo conduciendo, pero, como es lógico, prestaba más atención a la carretera que a la radio, pero me «quedé con el toque». Ayer lo  comprobé en la edición digital de un periódico local. No podía salir de mi asombro, pero los datos, oídos por la radio y comprobados en el periódico, eran coincidentes: la aportación prevista para el año 2012 en los Presupuestos Generales del Estado (en su proyecto, claro) a la celebración del VIII Centenario de la Universidad de Salamanca es de 25.000 euros. Sí, como ustedes lo leen: veinticinco mil euros. No está mal como sueldo si uno se encuentra en el paro, pero díganme qué representa para la USAL y qué se puede hacer con este dineral si uno piensa en todo lo que se pretende hacer con motivo de dicha celebración. (Intenté comprobarlo en el Proyecto de Presupuestos, lo descargué de Internet, pero me pareció infumable e ininteligible, qué quieren que les diga).

No les voy a pedir que lo comparen con la asignación a otras entidades (que, por cierto, no han recibido recortes con respecto a la cantidad recibida del Estado el año pasado), ni con los múltiples sueldos de alguna que otra omnipresente política, ni con nada. Es una cantidad intrínsecamente ridícula; por supuesto, mucho más ridícula si se compara con lo que les digo, pero ni siquiera eso hace falta.

Eso sí; los representantes de la provincia en las instituciones estatales no criticaban esta medida y aparecían sonrientes en las fotografías, a pesar incluso de que alguno de ellos está ligado a la institución académica. Como viene siendo habitual en estos individuos, defendían a capa y espada los presupuestos elaborados por el poder central, sin una sola crítica, actuando más como delegados “en provincias” del poder central que como lo que son (o deberían ser), representantes “de las provincias” ante el poder central; a fin de cuentas y sobre el papel, son los “provincianos” quienes les han elegido, aunque en el fondo me parece que actúan como unos presuntos paniaguados del citado poder central.

Tampoco sé cuantos sitios en las fotos para el recuerdo se querrán reservar nuestros (bueno, los suyos) políticos tras esta enorme donación; a plato de lentejas, creo que me suena.
Sólo voy a pedirles un poco de dignidad a nuestras autoridades académicas. ¿Qué propongo? Para poca salud, ninguna, es decir: renunciar a dicha ayuda y desmantelar, anular, el actual planteamiento para los fastos del VIII Centenario, todas las colaboraciones con las autoridades civiles, militares y eclesiásticas y comenzar de nuevo, desde un planteamiento estricta y exclusivamente académico. Monten encuentros académicos con otras instituciones, tráiganse a sus amigos de Iberoamérica (lo harán, sin duda), editen algún librito y cosas por el estilo.
Bueno, eso sí; si así lo hacen tendrán que renunciar a algunas fotos, a reportajes periodísticos, a salir en algún noticiero con los preclaros dirigentes de la Nación. Fotos hemos visto en la prensa, sin embargo,  por donaciones de mucha menor cuantía. Pero con eso podrán dedicar todos sus esfuerzos a lo que quiero creer que era su objetivo cuando optaron a la poltrona universitaria: servir a la institución con alma y cuerpo. Y no labrarse un futuro alejado de las aulas.

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