Alerta granate

Me alegro de los avances tecnológicos y de su aplicación para nuestro bienestar. Es una cosa buena que los meteorólogos recurran a veletas y anemómetros para conocer la dirección y velocidad del viento y no simplemente se chupen el dedo y lo extiendan hacia arriba, como emulando a San Vicente Ferrer. He criticado, sin embargo, el uso en muchas ocasiones de un lenguaje no popular, sino excesivamente científico, por parte de estos profesionales.

Soy consciente de que la Meteorología no es una ciencia exacta, como tampoco lo es la Economía (¿es ciencia? Eso es otro tema, pero dado lo listos que nos han salido últimamente los economistas, ¿por qué no echamos a los leones a todos los profesores y alumnos, presentes y egresados, de Economía y cerramos todas las Facultades de Economía? Visto para lo que sirven …), por lo que sus predicciones hay que tomarlas con cierta prevención.

Pero de un tiempo a esta parte me parece que las “personas de El Tiempo” (corrección política, claro) están cayendo en unos extremos de alarmismo tremendos y muchas veces (a mi entender) exagerado.

Miren si no; ahora mismo no hay día que no nos anuncien una alerta amarilla, naranja o de otro tipo (dentro de poco se les acabarán los colores del arco iris, como en el caso de los contenedores, que ya los hay azules, verdes, grises, amarillos, naranjas, morados, …). ¿De verdad la situación es tan grave? Yo he vivido once años en Sevilla, no teníamos acondicionadores de aire y las temperaturas eran iguales o superiores a las que ahora se anuncian y se sufren. Y vivíamos; y salíamos de trabajar a las dos de la tarde y en el coche, al sol, no había tampoco aire acondicionado. Yo me he pasado días enteros en pleno verano arando en el campo (cerca de Carmona, para ser exactos) con un tractor y sobreviviendo con un sombrero de paja y un búcaro (en Andalucía Occidental, botijo).  En la ciudad, si hacía falta, abríamos ventanas y más ventanas en las casas (una vez se había echado el sol) para refrescarlas, pero el calor estaba ahí y lo sufríamos estoicamente. Puede que hubiese fallecidos por golpes de calor o causas similares, pero sigue habiéndolos ahora. ¿Hace falta este alarmismo o son simplemente afanes de marcar hitos históricos? Hablar del tiempo ha pasado de ser un recurso a ser una obligación. A fin de cuentas, en verano tiene que hacer calor (y en invierno frío) y no veo el sentido a este continuo rasgarse las vestiduras y poner el grito en el cielo porque haga calor. En verano, claro.

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