¿vienes al cine?

Las familias de Antonio y Pepe eran amigas “de toda la vida”, pero ellos, tras pasar por un periodo de amistad, se habían distanciado, sin llegar a odiarse (bueno, quizá Antonio odiaba un poquito a Pepe …). El vivir ambos en la misma ciudad provinciana, les obligaba a convivir, muy a su pesar (sin pasar del “hola”, “hola”, “¿cómo estás?”, “bien ¿y tú?”, “bien” “me alegro”, “y yo”). Para colmo y quizá como consecuencia de la baja industrialización de la zona, ambos trabajaban en la misma empresa, una de las más grandes de la región. Y ambos, misóginos y a pesar de haber superado los 40, seguían viviendo con sus padres, lo cual no dejaba de ser una tremenda comodidad en muchos aspectos.

A Antonio le gustaba el cine (Pepe lo odiaba; al cine) y solía asistir al mismo una vez al mes, que era la frecuencia con que, aproximadamente, llegaban a su ciudad los estrenos. Todos los meses sus padres le decían “¿Vas a invitar a Pepe al cine?”, a lo que Antonio, a regañadientes, contestaba “Bueno lo haré, pero ya sabéis que no le gusta”.

Así que Antonio, haciendo de tripas corazón, iba a ver a Pepe y le invitaba al cine. Pepe siempre le decía lo mismo (sabiendo también que los padres de éste estaban detrás de la propuesta), que si ya sabes que no me gusta, pero te agradezco la invitación. Y a continuación Antonio iba a ver a algunos conocidos, Miguel, Luis, Julio, …, y, uno cada mes, los invitaba al cine. Así, cuando sus padres le preguntaban “¿y con quién vas al cine? ¿con Pepe?” él les podía contestar, con orgullo ofendido y aparente desolación “se lo he dicho, pero de nuevo me ha dicho que no le gusta, así que he invitado a Luis”, a lo que los padres de Antonio, meneando la cabeza, respondían “Este Pepe, … ¡qué raro es!”

Y esa era una de las diversiones de Antonio, que incluso quedaba como víctima (le encantaba) al verse “menospreciado” por Pepe, tras invitarlo a una actividad que positivamente sabía que Pepe no estaba interesado en desarrollar. Y lo que más fastidiaba a Antonio era que Pepe podía considerarlo una pequeña victoria, al verse obligado Antonio a invitarlo mes tras mes, para no contrariar a sus padres.

Que patético, ¿no?

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