Hace tiempo que vengo al taller

Escuchar música desde hace muchos años no te confiere necesariamente una buena cultura musical (ni buen oído para cantarla), pero te permite eso, conocer canciones. Y aunque hayan sido concebidas para otros fines, otras ocasiones, otros momentos u otros escenarios, muchas veces podemos insertar una canción en otro momento, ocasión o escenario. Quizá hayan visto ustedes Canciones para después de una guerra, de Basilio Martín Patino. Ahí se desgranan una serie de canciones que encajan muy bien con las imágenes que se van mostrando, aunque el origen temporal de canciones e imágenes fuese distinto.

En la zarzuela La del manojo de rosas se incluye un número músical titulado Hace tiempo que vengo al taller, cantado a dúo por los protagonistas (en plan Pimpinela, para que los más jóvenes me entiendan). La letra de los dos primeros versos es “Hace tiempo que vengo al taller y no sé a qué vengo“.

Usted que me lee, docente, ¿no ha tenido nunca esa sensación? ¿de acudir a su despacho, a su aula, a su laboratorio, a su biblioteca, sin saber exactamente para qué lo hace? Bueno, sí, para dar una clase o unas prácticas, o escribir un artículo científico o realizar algún experimento o a leer un libro relacionado con su campo de trabajo. Sí, eso usted sí que lo sabe, pero ¿para qué? ¿tendrá algún rendimiento o consecuencia su actividad? ¿Alguien la aprovechará? Aparte de su ego, claro, especialmente en el caso de actividades no relacionadas con la docencia. Le puede servir para conseguir algún complemento salarial (que, aunque recortado, nunca viene mal), pero dentro de los fines sublimes de la institución universitaria, ¿cree que su actividad sirve para algo? ¿O le pasa como a Joaquín, el novio de la Ascensión (los de la zarzuela), que no sabe a qué va al taller?

Yo, sinceramente, hay días que no sé a qué vengo y lo peor, es que vengo, aunque no sé a qué. Una vez aquí siempre encuentras cosas que hacer, pero a la larga no son más que nimiedades. Quizá productivas a una escala menor, autosatisfactoria, pero nada para la institución. El llegar a un aula y encontrarte con dos docenas de convidados de piedra, de moáis, que miran al frente, que resultan mudos cuando les preguntas algo, que no se motivan por nada (aunque a veces hacen amago de guasapear o incluso pintarse las uñas en medio de la clase) es, cuanto menos, desconcertante y frustante. Para que vengan hablándonos de habilidades, capacidades y aprendizajes.

Desgraciadamente, como decía un buen amigo mío “Las universidades existen porque da prestigio que existan, pero si las cerrasen, no pasaría nada”. Y hay veces en que me parece que tiene razón.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Sin categoría. Guarda el enlace permanente.

Una respuesta a Hace tiempo que vengo al taller

  1. Pingback: El muro | Rick2sam's Blog

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s