Con el culo al aire

Quienes sigan este blog habrán podido observar que hay más que frecuentes referencias a diversas canciones o películas. No me considero un experto ni en música ni en cine, pero sí me gustan algún tipo de cine y algún tipo de música (yo también nací en el Mediterráneo).

El título de esta entrada corresponde a una película de Carles Mira producida a muy principios de la década de los 80. Según resume muy sucintamente Wikipedia, trata sobre un joven (papel interpretado por Ovidi Montllor) que es ingresado en una institución mental debido al estado vegetativo en que queda sumido tras iniciarse en el sexo con la cantante (Eva León) de un grupo musical. En el manicomio conocerá a extraños personajes y experimentará sorprendentes vivencias. La música (tras un homenaje inicial a Paquito el Chocolatero durante la aparición de los títulos de crédito) es original de Caco Senante, con dos canciones inolvidables, una con el propio título de la película y otra dedicada a Liliana. Les recomiendo que sigan estos enlaces, pero, por favor, consideren fechas y situaciones antes de ponerse exquisitamente correctos (la influencia berlanguiana es más que evidente).

Pues bien, algunos de los habitantes del manicomio (hay quien lo ha identificado con la España de la época anterior a la realización de la película) donde es encerrado el protagonista llevan ocurrentes disfraces: el Papa Luna, Jaime I, don Pelayo, Agustina de Aragón, reina fallera (el elegido por Ovidi Montllor) y otros que no recuerdo.

¿Y por qué les cuento esto? Por la especie de analepsis que para mí ha supuesto ver hoy a nuestros dignos alumnos de Grado en Química y de Ingeniería Química luciendo sus mejores galas, uno de ellos, según su propia declaración, vestido/disfrazado de “San Alberto” (patrón de los estudios de Ciencias), evolucionando por la Facultad y los jardines aledaños. En un periódico local pueden ver algunas fotos del evento. Si han visto la película, díganme si el susodicho “San Alberto” no es igualito que Joan Monleón disfrazado de Papa Luna.

Creo que se definen por sí solas y sobre todo a los fotografiados. No sólo deja de ser paradójica, al menos, esta actitud en un día como el de hoy, en que había sido convocada una huelga general por motivos que de no muy lejos atañen a esta divertida muchachada (participar o no en la huelga es una opción), sino que creo que dice muy poco respecto a la madurez mental de los protagonistas. Desconozco si son o no buenos estudiantes, desconozco su grado de cumplimiento con el compromiso que adquirieron cuando se matricularon, desconozco muchas cosas de ellos y me gustaría poder desconocer muchas más. Pero es indudable que la imagen que hoy han dado ha sido vergonzosa, penosa, triste, cutre, lamentable, zafia, patética y no universitaria.

Menos mal que siempre nos quedará París.

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