Los maniqueos

No les cuento nada nuevo si les digo que el concepto de maniqueísmo se refiere a la interpretación de la realidad sobre la base de una valoración dicotómica, más o menos aquéllo de “o conmigo o contra mí”. En términos más frívolos, quizá recuerden  lo de “los amigos de mis amigos son mis amigos”, de Objetivo Birmania (década de los 80, movida madrileña y tal). A partir de ahí surge inmediatamente lo de “si tú eres amigo de mi enemigo, tú eres también mi enemigo”, o bien “si tú eres enemigo de mi enemigo, eres mi amigo”. Como lo explicaría un matemático, más por más, más; más por menos, menos; menos por menos más. Y menos por más, menos, claro.

¿Se da esto aquí y ahora? ¡Ya lo creo! Mucho más de lo que ustedes imaginan. Es lo que se puede denominar “tomar partido en carne ajena” y se puede manifestar de la siguiente manera: A tiene problemas con X. A y B puede que tengan o hayan tenido problemas entre sí, incluso muy gordos. Ahora B tiene problemas con X, ¿Qué ocurre? Pues que inmediatamente A y B se hacen amigos, hacen causa común frente a X. A y B, que no es que se llevasen bien, es que simplemente no se llevaban, comienzan a partir piñones juntos, porque a ambos les une su odio por X. Y luego se junta C, que también se considera sobrepasado por X y ya tenemos la asociación de perjudicados por X, constituida por A, B y C: plañideros, víctimas, incomprendidos, infravalorados, … Ellos, que lo son todo, han sido sobrepasados por X en todos los aspectos y eso, precisamente eso, no se lo perdonan, ni a X ni al resto de la sociedad y por eso constituyen ese frente común de oposición a X.

Todo va bien hasta que por una razón u otra, B y C friccionan y saltan chispas. Ellos, que nunca se llevaron bien, que incluso tuvieron sus más y sus menos y parecía que su enfrentamento con X había enterrado las diferencias entre ambos, descubren, ahora, la maldad mutua, B la de C y C la de B. Y se rompe la baraja. Sin ni siquiera preocuparse de guardar las formas y la más elemental cortesía, B y C se navajean mutuamente, al tiempo que A sigue, como dice la gente, a por uvas, en su alegría y sonrisa perenne.

Ese frente común sólo tiene razón de ser por la propia existencia de X. Como dicen los de Amaral y tanto le gusta al Sr. Rubalcaba, sin mí no eres nada, y eso, nada, es lo que son A, B, y C por separado. Incluso juntos.

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