El balido

Esta imagen ha circulado recientemente por la Red (la pueden ver, por ejemplo, en http://www.memeteca.com); pido disculpas por su uso y espero no caer en un delito de uso de imagen o alguna cosa por el estilo. Como pueden observar, se trata del fotograma de alguna serie de TV, supongo, donde se ha añadido la oveja y se ha puesto un diálogo chocante (o no).

Tal como queda el resultado final, la rubia se dirige al personaje que tenemos de espaldas y que parece ser el ejecutivo o empleado de un banco. Ella, con cara muy decidida (seguro que en la versión original, no manipulada, es una agresiva abogada de prestigio), solicita un préstamo y el banquero, sorprendido, pregunta por el papel de la oveja. “Viene a balarme”, contesta ella.

De lo que estoy seguro es de que sólo los mayores de cierta edad lo comprenderán. En primer lugar, porque con la cultura actual, estamos más acostumbrados a oir lo que nos quieren decir, que a leer lo que nosotros queremos. Y gracias a la RAE, la “b” y la “v” tienen ahora el mismo sonido, bilabial; ya he repetido aquí en algunas ocasiones que a mí me enseñaron (¡ojo! con un libro aprobado por la autoridad competente en la materia) que ambas letras tenían sonidos distintos, bilabial la primera y labiodental la segunda, aunque ahí había que afinar para no convertir la “v” en sonido “f”, como en alemán.

Además, existe otro factor importante a la hora de entender este chiste (o como quieran llamarlo) y es que, afortunadamente, la gran mayoría de la gente no utiliza un lenguaje cuántico. Para que lo entiendan los no iniciados (la gran mayoría de la población mundial y la práctica totalidad de nuestros políticos), el término se aplica a todo aquéllo relativo a la teoría elaborada por Max Planck, según la cual la energía no se emite ni transmite en forma continua, sino en pequeños “paquetes” o “cuantos”.

¿Se han dado ustedes cuenta de la cantidad de gente (especialmente políticos) que utilizan un lenguaje cuántico?, es decir, que al hablar van soltando las palabras de una en una, sin encadenarlas, evitando las sinalefas y lo que no lo son, en un mundo de “hiperhiatos”. Por ejemplo (cada guión corresponde a una pausa): “Es-importante-comprender-que-la-situación-económica-requiere-un-esfuerzo-de-todos-y-para-todos-de-todos-y-para-todos–El-partido (inserten aquí el que quieran)-hará-todo-lo-posible-para-que-las-ciudadanas-y-los-ciudadanos-puedan-superar-esta-crisis”, habitualmente acompañando cada palabra con un gesto contundente de la mano (o de ambas manos) como si estuviesen remachando un montón de clavos sobre una tabla con un martillo.

Pues bien; utilizando este modo cuántico el chiste pierde su gracia, pues la oveja va “a-balarme”. Pero si leemos correctamente, la oveja va “abalarme” y siguiendo a la RAE, si la “b” y la “v” tienen el mismo sonido, suena como si la oveja fuese “avalarme”, lo cual ya es muy, muy parecido (especialmente dicho por un político, es decir, mal entonado y con una dicción deplorable) a “a avalarme”. ¡Albricias! La oveja viene (mire usted por donde) a “avalar” la petición del crédito que hace la rubia y no simplemente a “balar” para hacerle corro de apoyo como los palmeros de Peret.

De todos modos, mejor un balido que un rebuzno, ¿no?

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