No hay mal que por bien no venga

Debido a que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades y ahora debemos purgar nuestros pecados (no todos, claro; muchos de los que han vivido por encima de sus posibilidades siguen viviendo por encima de las nuestras y ellos no pecan), hemos de renunciar a algunas cosas: la sanidad y educación públicas, la justicia gratuita, la actualización de las pensiones, por ejemplo.

Incluso nos dijeron que España no iba a participar en el Festival de Eurovisión; gran drama. Me explico: la noticia, que saltó a los medios hace cosa de dos meses, decía que estar suscritos a Eurovisión y participar en este Festival tenía un coste de unos 250.000 euros. Una menudencia, por cierto, comparado con lo que nos va a costar a todos y no sólo a los bancos el no-rescate.

Parece que, finalmente, no nos hemos borrado de Eurovisión, por lo que en este año sufriremos en silencio otra noche del dichoso Festival. Quien quiera verlo, claro, no sé si en el canal del Gobierno o en el de alguna empresa subsidiada (dirigida por algún neoliberal que estará, por supuesto, en contra de las subvenciones).

Afortunadamente, existen aspectos positivos de seguir suscritos a Eurovisión. Y uno de ellos es poder disfrutar de la transmisión en directo en la mañana de hoy del Concierto de Año Nuevo de la Orquesta Filarmónica de Viena. No es que yo sea muy aficionado a la música, pero este concierto sí suelo seguirlo, no sólo por la música en sí, sino también por la mise en scène que conlleva. Finaliza con la interpretación, sublime habitualmente, aunque este año el tempo me ha parecido ligeramente lento en algunos momentos, del vals El Danubio Azul y de la Marcha Radetzky. Enorme, realmente.

Pero sobre todo, ver a esos cientos de nobles o ennoblecidos, que probablemente viven por encima de nuestras posibilidades y que, aparte de los políticos de turno que habrán conseguido la entrada por deferencia de los organizadores (para ellos, sus familiares, sus asesores y demás paniaguados), habrán pagado lo equivalente a varios meses de pensionado español para salir en la foto, batiendo palmas durante la interpretación del último número, como alegres criaturillas en el kindergarten, no tiene precio. Como también en esta ocasión podría haber dicho John Lennon, “Para nuestro siguiente número me gustaría pedir vuestra ayuda: la gente de los asientos más baratos debe dar palmas, y el resto de ustedes puede simplemente sacudir sus joyas”; en este caso, al no haber gente de los asientos más baratos, se limitan a dar palmas para sacudir sus joyas. Seguramente lo asocian a algún tipo de transgresión, ellos, tan pulidos, tan educaditos, tan, tan prusianos, si me apuran; quizá sea la única oportunidad en su vida en la que libre y públicamente, hacen algo para lo que nunca creían que habían sido educados.

De todos modos, ya les digo, si uno se abstrae y evita pensar estas maldades, el concierto es bueno, la selección musical exquisita y el conjunto lo merece. Especialmente si usted lo compara con alguno de los infumables enlatados con que todos, si no estoy equivocado, los canales nos deleitaron esta pasada madrugada. Eso sí que es un dolor y no la visita al dentista.

Así que ya lo saben: cuando en el próximo Abril o Mayo vean anunciada la retransmisión del Festival de Eurovisión, recuerden que ese es el precio a pagar para poder disfrutar el 1 de Enero del Neujahrskonzert der Wiener Philharmoniker.

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