¿Ha cambiado la universidad?

Depende. Es evidente que en un bicho tan grande como una universidad (grande en muchos aspectos) los cambios son lentos, casi imperceptibles según la escala de tiempo. Así, un alumno que debe estar en la universidad no más de 3, 5 o 6 años (dependiendo de los estudios que esté cursando, es decir, diplomatura, licenciatura o medicina, escuelas y bolonias aparte) es muy probable que no aprecie esos cambios. Incluso a pesar de que hoy en día esos cambios se producen a una velocidad vertiginosa (por ejemplo, las normas de cumplimentación de las fichas de las asignaturas cambian incluso varias veces en un año, pero “eso” no llega a los alumnos).

Son las personas que llevan más tiempo en la universidad las que sí identifican, con perspectiva, los cambios que en la misma ocurren.

Vean, si no, el ejemplo mostrado en la fotografía. No es un montaje. En el cajón de una mesa de un despacho próximo, vaciado por jubilación, encontré esta llave “Aula del catedrático”. ¿Se dan cuenta? ¡Los catedráticos tenían su propia aula! como su cortijo (bueno, esto siguen existiendo, o así parecen tomarse no sólo los catedráticos sus parcelitas administrativas, por ejemplo). Tampoco es demasiado raro; los ha habido con baño cerrado con llave para su uso exclusivo o de sus maestros.

Les puedo explicar el posible origen de eso de “Aula del catedrático” y supone un ejemplo – anecdótico, si quieren – del cambio en la universidad. Es que resulta que clásicamente (al menos en las Facultades que yo conozco y en las que he vivido como alumno y profesor), una asignatura o un grupo de asignaturas se daba siempre en la misma aula. Por ejemplo, en la Facultad de Ciencias de Sevilla (época en la que estaba ubicada en la Fábrica de Tabacos), la clase de Inorgánica era siempre en el aula I, la de Analítica en el aula III y la de Física en el Aula II. Quizá por proximidad a la ubicación de los correspondientes departamentos. De modo que, entre clase y clase, había un rápido trasvase de alumnos de un aula a otra. Y a lo mejor, sólo quizá, ese es el origen de lo de “Aula del catedrático”, si se refiere a la llave de acceso al aula ubicada junto a un departamento específico en la que daba clase un catedrático determinado; en sentido estricto, por supuesto, no era el aula “del catedrático”, sino “del departamento”, pero a esta patrimonialización de lo público estamos últimamente muy acostumbrados.

¿Y ahora qué ocurre? Pues justo lo contrario, el péndulo está en el otro extremo, ha recuperado su máxima aceleración, en sentido opuesto, a costa de alcanzar una velocidad nula. Pues lo que ocurre es que el aula no es del catedrático o de la asignatura, no, el aula es de los alumnos. De modo que el aula A1 (por ejemplo) es el aula de primero de Química, el aula A3 la de quinto de Química, etc., con lo que el alumno llega, se sienta y asienta en ese aula en particular y un profesor, si tiene a su cargo asignaturas de distintos cursos (lo cual es lo habitual) o incluso de diversas titulaciones (lo cual tampoco es raro), es el que tiene que ir de un aula a otra en busca de sus alumnos.

¿Ven? El hecho narrado puede considerarse (es) una anécdota, pero incluso en cosas tan nimias, la universidad ha cambiado. Divaguen ahora ustedes un poco sobre las implicaciones o significado de estos cambios. Salud.

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