Monstruos

Creo que fue Serrat quien llamó a los niños, al menos así lo hizo en una canción, “monstruos bajitos” o “locos bajitos”. Pero aparte de esta afortunada definición, el monstruo ¿nace o se hace? Ese es el tema.

Usted ve actitudes monstruosas en una persona de 50 o 60 años. ¿Las ha desarrollado ahora, o las tenía antes? Si las tenía, ¿eran evidentes o sólo estaban latentes? Si estaban sólo latentes, ¿podía usted reconocerlas, por algún tipo de señales? Si eran patentes ¿tan torpe fue usted que no las identificó?

Porque hay muchos tipos de monstruosidades, no sólo las físicas. Tan monstruoso – la palabra, al igual que “monstruo”, tiene varias acepciones en el DRAE – es el cerebro de Einstein como cualquier deformidad física que puede encontrarse en algunos museos morbosos o en Internet, claro. También muchas actitudes se pueden clasificar como monstruosidades, aunque no vayan asociadas a un defecto físico.

Yo creo que el tipo de deformidad al que me refiero puede ser de ambos tipos, permanente y original o sobrevenido. El asunto está en la capacidad de ocultarlo para poder conseguir unos fines determinados. Desde luego, si una persona es un monstruo evidente y, a pesar de ello, consigue lo que se propone, algo tendrá que ver la sociedad y las circunstancias, que se lo permiten (desde luego, para matarlos si se salen con la suya repetidamente). Si, por el contrario, esa monstruosidad la mantiene oculta, solapada, detrás de sonrisas y apariencias y actitudes aparentemente normales, entonces la cosa es más difícil. En los monstruos que conozco (varios, no se crean y seguro que ustedes también) se dan todas estas circunstancias y los más difíciles son los latentes: aunque puedas intuir una conducta monstruosa, te resistes a aceptar esa característica de la especie humana. Pero están ahí, como los operarios en el anuncio, parecen normales, se comportan como normales (algunos no tanto, cierto), pero en cuanto consiguen sus fines, entonces se muestran tal y como son: monstruos, egoístas, chulos, soberbios, por encima de cualquier responsabilidad, que siempre es de otros. Y, desde luego, si alguien se la hace notar la respuesta es siempre la misma: matar al mensajero y negar la mayor.

Hay, sin embargo, otros que identifican al monstruo, aunque su monstruosidad esté perfectamente oculta, a las primeras de cambio. Pero no crean ustedes que es consecuencia de sus grandes dotes de observación y conocimiento de la naturaleza humana; es, simplemente que para ellos, todos los demás son monstruos. Y cuando éstos se manifiestan como tales, nos sale el profeta “ya lo decía yo”. Si, por el contrario, el señalado no es en realidad un monstruo, pues no se habla del asunto y se acabó.

En fin, menos mal que hoy ya es viernes y se nos acerca un prolongado fin de semana, salvo para los que disfruten disfrazándose o viendo a otros disfrazados.

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