Las membranas semipermeables

Cualquier persona que haya estudiado ciencias básicas (quizá lo de “básicas” sobre), sabe qué es una membrana semipermeable. Se aplica a aquéllas que dejan pasar en un sentido ciertos componentes de una disolución y otros no. Existe otro tipo, en el que el flujo de especies, cualesquiera, es sólo un un sentido y no en el contrario. En este caso se asemeja a los “tornos” ubicados en la entrada de algunos locales, como las estaciones de metro, espacios deportivos, etc.

Conozco personas en las que aparentemente (presuntamente, tendría que decir) su neurona parece estar rodeada de una de estas membranas semipermeables, de modo que es capaz de lanzar información, coherente o no, hacia afuera, pero no de recibir los estímulos o respuestas desde el exterior; el “dejen salir antes de entrar” se lo han tomado tan a rajatabla que sólo se permite salir (no se sabe qué, pues la neurona suele estar en una especie de vacío interestelar), sin que nada en absoluto pueda entrar.

¿A quiénes me estoy refiriendo? Ya se  lo pueden ustedes imaginar: a esas personas que preguntan, pero que no escuchan la respuesta, esas personas que evolucionan en el mundo (Sabina: “la frente muy alta, la lengua muy larga  y la falda muy corta”), en su mundo, sin darse cuenta o ignorando que hay mundo, con otras personas, a su alrededor; esas personas que, en su soberbia, se atreven con todo (la osadía del ignorante), sin reconocer (eso sería un estímulo entrante) que su actitud puede ser y de hecho es, en muchos casos, dañina para el entorno de todo tipo, no sólo ecológico. Esas personas, en fin, que van por la vida sin reconocerla, ensimismadas en ese espejo que llevan colgado del cuello para poderse ver el ombligo (pues de arriba a abajo y sin espejo no llegan ni siquiera a intuirlo) y que se aprovechan, muy ladinamente, de que son pocas las personas a su alrededor que son como ellas y saben que nunca, nunca, van a percibir (estímulo entrante: prohibido, acceso denegado) una actitud similar a las que ellas desarrollan; y si la reciben no la notarán, por supuesto. Por esa falta de permeabilidad entrante, tampoco oyen cuando alguien les dice que se han equivocado, luego concluyen que nunca se equivocan; pero si hay algún tipo de contaminación en el proceso y alguna miasma de duda llega a entrar en la neurona, ésta la rechaza inmediatamente. Personas, en fin, que serían deseablemente transparentes y deberían, por el bien de los demás e incluso de ellas mismas, recluirse quizá en su neurona y contarse chistes a sí mismas (sus carcajadas desmesuradas y sin venir a cuento parecen indicar que a veces es así), con lo que se lo pasarían muy bien, no me cabe duda y los demás lo pasaríamos mejor. Ya lo cantaba Burning.

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