Los expertos del Sr. Ministro

El Comité de Expertos nombrado por el Sr. Ministro de Educación (entre otras cosas) para analizar los cambios que necesita la Universidad ya ha concluido sus estudios y se ha hecho público en el pasado fin de semana un documento con sus recomendaciones y conclusiones. Son 84 folios; declaro que no lo he leído entero, aunque sí con algo más de detalle de como lo han hecho algunos gacetilleros, quienes dan la impresión de que lo han hecho en diagonal y a salto de caballo.

Evidentemente, estoy de acuerdo con algunas de las cosas que proponen, con otras no y con otras ni fu ni fa. Hay, de todos modos, algunas propuestas muy osadas que seguro que habrán hecho rechinar algunas mentes o alarmado a alguna neurona solitaria.

1.-Aboga por el restablecimiento de las habilitaciones nacionales, el sistema que fugazmente existió hasta que la ANECA tomó el poder, cual Agencias de Calificación. En estas pruebas el número de acreditados estaría limitado (sin barra libre, como ahora con la ANECA) y sería inferior al número de “acreditables”.

2.-Aboga por la no consideración para la acreditación de los méritos por gestión, un asunto repetidamente planteado en este “blog”. Al responsable de la gestión se le paga y rebaja la obligación docente mientras gestiona y cuando esta actividad termina, pues adiós y buenas tardes. A ver quiénes son ahora los novios que le salen a la gestión, pues muchos de los actuales gestores han confesado sin rubor que su único objetivo era conseguir el correspondiente cromo para la acreditación.

3.-La reducción del número de componentes de los órganos colegiados (el claustro de la USAL está constituido por 300 miembros y algunas Juntas de Facultad casi por el mismo número) a 25-40.

4.-El nombramiento de diversos comisarios políticos del rector, en vez de que los representantes sean elegidos por el colectivo al que dicen representar. Con bastantes curiosidades: Al director del Departamento lo proponen los miembros del mismo; al decano lo proponen los directores de los departamentos implicados en la docencia en la facultad en cuestión.

5.-Refuerza el papel del Consejo Social (al que no se resisten a cambiar de nombre), con mayor participación de la sociedad (políticos y sindicatos). Y yo digo ¿Por qué no hay también un Consejo Social en los Tribunales de Justicia? ¿O en la Dirección General de Tráfico? ¿O en el Congreso de los Diputados? ¿O en el Ayuntamiento de Matalascabrillas del Monte? Aquí parece que sólo la universidad (institución pública, como las anteriores) está compuesta por una pandilla de zánganos que se dedican a expoliar los caudales públicos sin ofrecer nada a cambio y por eso la sociedad tiene que “controlarla”.

6.-El rector no será elegido, sino contratado y no es imprescindible que sea un académico de la propia institución y ni siquiera español. No es nuevo; hace algunos años ví en un periódico español de tirada nacional un anuncio buscando candidatos para el puesto de rector de la Universidad de Aveiro (Portugal). Vale, no me parece ni mal ni bien, sino todo lo contrario. Recuerdo que cuando comenzó la movida de la versión española de Bolonia yo pregunté a uno de sus más acérrimos defensores si creía honestamente que lo que se proponía era bueno o mejor que lo que había en aquel momento. Y me dijo “lo que hay ahora ya ha demostrado que no funciona; vamos a ver si esto nuevo funciona”. Pues lo mismo, el cambio por el cambio.

7.-Nadie podrá ser contratado en la universidad en la que se ha graduado (o doctorado, no recuerdo bien), sino sólo tras pasar un mínimo de tres años en otra institución. Esto ya se intentó en la LRU (pero se refería sólo a un año) y se realizaron ejercicios de by-pass geniales, tales como considerar a los centros del CSIC como instituciones académicas. Los expertos exigen tres años, pero, a efectos prácticos (al menos en las áreas más próximas a la mía) no deja de ser un brindis al sol, pues una estancia en otro centro es más que habitual y hoy en día con becas o contratos postdoctorales varios (Juan de la Cierva, Ramón y Cajal, etc.) es muy afortunado el que en menos de tres años encuentra su nicho (como se dice ahora).

8.-Propone valorar en mayor medida la investigación, pues la valoración de la docencia es casi exclusivamente en base al número de años de actividad docente, aunque sea repitiendo la misma docencia. Y, al hilo de esta propuesta, propone la supresión de esos cromos que ahora se reparten en concepto de participación en actividades de actualización de la docencia (o similar) que ha hecho brotar como setas los cursos, cursillos y cursetes dedicados a enseñar a enseñar, aprender a aprender y otras “genialidades” por el estilo.

Me imagino que ahora el informe será sometido “a debate” (es decir, casi nadie dirá nada al respecto, quizá alguna asociación de alumnos) y luego modulado a conveniencia por “quien corresponda”. Finalmente, el Sr. Ministro echará mano de su mayoría absoluta y aprobará lo que le dé la gana, con ayuda de sus palmeros autonómicos y demás adláteres y compañeros mártires y de viaje.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en La Universidad, La Universidad-General y etiquetada . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s