Evaluación continuada

Otra de las  maldades de Bolonia. Bolonia, que no es más que un protocolo esencialmente de tipo administrativo para facilitar la equivalencia de títulos universitarios en el ámbito de la Unión Europea, ha sido convertida por algunos hábiles en otra cosa. Está claro que la cantidad de burocracia generada por Bolonia ha sido enorme; el tiempo que debería dedicarse a la preparación de los programas y las clases se ha reducido drásticamente, así como el tiempo para la investigación y teniendo en cuenta la querencia de nuestras autoridades porque todo el mundo participe de las actividades de gestión, pues ya se pueden ustedes imaginar el resultado.

Pero hay más.  Nos dicen los boloñeses que no debemos recurrir al examen final, que debe huirse de una evaluación basada en la memoria y para eso lo que se les ocurre es la evaluación continuada, es decir, establecer pruebas de conocimiento frecuentes y de carácter eliminatorio a lo largo del curso, para que el pobre alumno no tenga que sobrecargar a su neurona con un número excesivo de conocimientos y conceptos.

De esta manera, hay incluso quien cada vez que termina un tema (tres días de clase) hace un examen eliminatorio, y al siguiente tema igual y al otro y al otro. De esa manera la neurona no se sobrecarga excesivamente y se consigue un porcentaje de éxito tremendo; es, ya se dan ustedes cuenta, la alternativa al examen final con sobresaliente general y que no hace falta corregir.

Yo tengo mis dudas sobre la efectividad del método, pues lo que en definitiva se consigue (además de que todo el mundo apruebe, lo que no implica necesariamente que todo el mundo sepa) es premiar el esfuerzo mínimo y en diferido, incluso me atrevería a decir que se consigue inculcar un conocimiento simulado; quizá.

¿Es todo así? Pues no. Probablemente ustedes tengan en su poder y a su nombre su permiso de conducción, que se consigue tras superar una única prueba teórica y una única prueba práctica con dos partes inmediatas (así era cuando yo me examiné). Sin evaluación continuada. Porque ¿se imaginan ustedes la situación? “Profe, que ya me sé las señales de prohibición” y hala, a examinarte de las señales de prohibición; “Profe, que ya me he estudiado como se circula por una rotonda” y hala, a examinarse sobre como se circula por una rotonda; “Profe, que ya sé cambiar las marchas sin que se me cale” y hala, a examinarse en un simulación sobre el cambio de marchas sin que el coche se cale. Y así indefinidamente, troceamos el Código de Circulación y el Código de Señales (o como se llamen) en doscientos trocitos y en doscientos “controles” comprobamos que nuestros chicos lo conocen. Que se esfuercen poco y en su neurona borren cada trocito para inscribir el siguiente, en vez de hacer trabajar a la neurona completamente, no hace falta; eso queda para los defensores de la memorística y de los métodos caducos; lo que se lleva es la evaluación continuada.  En términos matemáticos, un desarrollo diferencial sin ninguna aproximación integral. Digo yo.

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