Tenían que conseguirlo

Tenían que conseguirlo, no podían dejar pasar más tiempo. Se les acababa, cuestiones biológicas fundamentalmente, pero era necesario colocar a alguien para seguir controlando, desde la sombra o abiertamente, todo el mundillo. Lo habían estado haciendo durante años, durante décadas y no podían dejarlo a otros sin más ni más.

El problema era, en primer lugar, que todos estaban ya más que talluditos y el esfuerzo no iba a ser compensado con los pocos años que el candidato elegido podía seguir beneficiándoles. Era necesario encontrar a alguien nuevo, fiel, leal, seguro, que comulgase con sus ideas, que acatase sus órdenes y que ni siquiera amagase con rebelarse. Al mismo tiempo, los cambios incontrolados que habían tenido que sufrir hacían necesarios ciertos acomodos a la situación, ciertas pinceladas aparentes de cambio, sin profundidad, por supuesto, en un genuino estilo Gatopardo. Ya habían tenido un problema con un candidato, que falló a pesar de las esperanzas que en él habían depositado. Tras darle muchas vueltas, descartado el inmigrante (¡hasta ahí podriamos llegar!), decidieron que fuese una mujer; de esa manera se aparentaba una modernidad que estaban lejos de sentir y de, por supuesto, asumir, pero frente a la galería podía resultar positivo de cara a los indecisos, que podían, como había ocurrido en algunas ocasiones, decidir; desgraciadamente nunca ha sido posible controlarlo todo. Quedaba bonito, además.

Una vez elegida y comprobada su sumisión, su fidelidad, su lealtad, sólo faltaba lo más fácil: “visibilizarla”, sin caer (ni siquiera aparentemente) en manifestaciones machistas, de florero de adorno; tenía que parecer y aparecer como una persona válida, que no debía nada a nadie (por supuesto, a ninguno de ellos), hecha a sí misma.

Para ello se sirvieron de todos los medios a su alcance, tanto propios como ajenos; tanto internos como externos, todo valía; no importaba privatizar lo público para conseguirlo; estaban tan acostumbrados a hacerlo que no lo identificaban como algo inusual ni ilógico.

Así consiguieron una visibilización parcial, no quedaban amarrados todos los machos. Había que ampliar el espectro, no podía ser una perfecta desconocida para parte de la tribu, la parte más alejada de su hábitat. Así que cavilaron la forma de hacerlo y encontraron la solución, la más sencilla, como siempre: mostrarla en su salsa, en su papel de relaciones públicas permanente (y con permanente, claro).

De esa manera lo consiguieron, finalmente. Ni campañas publicitarias, ni spots televisivos, ni cuñas radiofónicas, ni nada de nada, el viejo boca a boca; hoy se enteraban tres, mañana media docena y así la cosa subía más que linealmente. Hasta que todo el mundo tuvo conocimiento de ella; ella iba a ser la sucesora, ella había resultado ser la elegida para esos menesteres que ancestralmente ellos habian llevado a cabo. Su donosura le iba a permitir cumplir su función perfectamente, siempre ayudada, siempre vigilada, por supuesto, pero la masa no se daría cuenta, sólo verían en ella una nueva estrella, la más brillante del firmamento, hecha a sí misma, preocupada de todo y por todos, cosmopolita, educada, elegante. ¿Qué más se podía pedir?

Esbozó una sonrisa. Ni su maestro podía haberlo planeado mejor. Así que la llamó por el teléfono interior, la recogió en la puerta y se fueron a celebrarlo una vez más.

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