Cuando seas padre comerás huevos

También se enuncia como “Cuando seas padre comerás carne“. Ambas frases pertenecen a nuestro rancio patrimonio inmaterial. No conozco su origen verdadero, pero me imagino que ambos se refieren a la situación en el mundo rural (que es donde nacen estos pozos de sabiduría), en el que el padre era habitualmente el único que aportaba un jornal a la familia y tenía que estar bien alimentado para aguantar duras jornadas de sol a sol; quizá también aplicable a los mineros y los pescadores, por supuesto.

La progresiva huída hacia las urbes y el cambio en las costumbres y los trabajos (menos economía primaria y más servicios) han cambiado la situación. Ahora entendemos que también los hijos merecen una buena alimentación y son muchos los padres que prefieren dejar para sus hijos algunos (o incluso los mejores) bocados del sustento, con objeto de que crezcan sanos y fuertes (como con Nocilla). En otras ocasiones son los hijos los que al ver la desgana y apatía de los padres se apropian, con la anuencia de aquéllos, de lo que consideran los mejores bocados.

El problema surge si el organismo del hijo no está preparado para digerir esos alimentos. No sé yo con alimentos propiamente dichos, pero sí que he leído algo sobre el problema con los nitritos en el caso de los niños, por la carencia del enzima que evita la metahemoglobinemia. En estos casos, una mala digestión de los alimentos por parte de los hijos lleva a problemas generales de su organismo que se transmiten al resto de la familia de una u otra forma, aunque sólo sea como una lógica preocupación por la salud de aquéllos. Por otra parte, el hijo, por mucha carne que coma, no va a asumir el rol del padre, tiene todavía otras muchas cosas que hacer.

O, en otras palabras, no debemos confiar en un crecimiento acelerado y prematuro de los hijos y confiarles trabajos o responsabilidades que no les corresponden. A fin de cuentas, también la sabiduría popular nos dice que Quien con niños se acuesta, meadito se levanta. Otro sabio aserto que encaja de forma completamente simbiótica y sinérgica con el que encabeza esta reflexión.

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