Para poca salud, ninguna

La Empresa estaba formada por varias divisiones. Cada una suministraba un producto distinto, por lo que la empresa, al tener diversificada su oferta al mercado, podía, hasta cierto punto, sortear las fluctuaciones de la demanda por el mismo. Sin embargo, aunque  la demanda de un determinado producto bajase, la empresa no cerraba la división correspondiente, en donde sus miembros reducían su dedicación y podían dedicarse a matar marcianos, jugar al mus, resolver sudokus o incluso leer.

El problema estaba dentro de las divisiones. El tamaño, en cuanto a personal y recursos, de las divisiones se mantenía prácticamente constante en su conjunto (salvo mínimos traslados de una división a otra), pero cada división estaba formada por varias secciones y ahí la competencia era brutal: cada sección formaba a sus propios aprendices y pretendía luego emplearlos en la misma sección, cosa que no siempre era posible, pues cada sección podía crecer sólo a costa de que disminuyese el tamaño de otras secciones de la misma división.

Llegó, sin embargo, un momento en el que se produjeron cambios importantes en algunas divisiones, importantes, sí, pero algunos magnificados por los responsables de algunas de las secciones, de modo que, al igual que algunos judíos conversos, que eran los que con más saña perseguían a los criptojudíos, se envolvieron en la bandera de su división, y crecieron mucho más allá de lo que la lógica establecía, en menoscabo de aquellas secciones que pretendían mantener una ideología y práctica razonables y adecuadas. Tanto fue así que alguna sección vio reducidas sus responsabilidades productivas a la mínima expresión.

¿Y que ocurrió entonces? Ningún cataclismo, ni terremoto ni tsunami. Algunos miembros de las secciones que habían visto muy reducidas sus responsabilidades (algunos incluso se consideraban expulsados de la división) optaron, razonablemente y con dignidad, por trasladarse a otras divisiones en donde su trabajo pudiese ser, en principio, reconocido y aceptado, ante la perspectiva de años y años haciendo sudokus o en interminables partidas de mus. Otros, por el contrario, descubrieron su Arcadia: poco que hacer, casi nada que justificar. Y allí siguieron, buscándose ocupaciones para justificarse (autojustificarse) dando de vez en cuando un palo al agua.

Pero, como dice alguien, para poca salud, ninguna. Hubiese sido mucho más honroso y digno simplemente eliminar la sección y trasladar a todos sus miembros a otra división en donde fuesen necesarios y pudiesen así contribuir al tronío y prestigio de la empresa. ¿O no? Pues así es como se escribe la historia, su historia.

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