La representatividad

Cuando elegimos algo o a alguien para marcar o señalar nuestra imagen hacia el exterior tratamos siempre de elegir algo o alguien que sea representativo.

Lo mismo hacen los analistas. De hecho, la selección de una muestra para efectuar un análisis no es una cuestion baladí, sino una parte muy importante del propio proceso analítico. Fíjense ustedes en un granito: constituido por cuarzo, feldespato y mica, si cogemos una fracción muy pequeña para analizarla podemos concluir un exceso o defecto de alguno de los componentes; hay que tomar una fracción mayor que si queremos analizar, por ejemplo, una arena.

Es importante, por tanto, la selección de la muestra, que debe ser representativa. En todos los casos. Por ejemplo y no malinterpreten lo siguiente: si quiero describir como es el españolito medio no puedo fijarme y elegir como tal a un rubio alto con ojos azules, 80 kilos de peso y pastilla de chocolate. Seguro que alguno así habrá, pero no es representativo del conjunto de los españoles.

De la misma manera, la elección de los representantes de un colectivo no puede hacerse de una manera sesgada. Por supuesto, en absoluto por sorteo. Cierto es que la elección de estos representantes dependerá de los miembros del colectivo que estén dispuestos a serlo. Si hay pocos candidatos se restringe la posibilidad de elección.

Y últimamente hay posiciones de representación para las que hay pocos candidatos, con lo que el colectivo se ve obligado a elegir entre lo que se le ofrece, como en un mercado desabastecido. Si es bueno, vale, pero si no es bueno (objetivamente hablando), como se siente la necesidad de que exista el representante, pues se elige, con alta o baja participación, y ahí queda. Hay quien no se sonroja si, obteniendo un 25 % de votos sobre el total válido emitido, sigue y acepta la propuesta.

También puede ocurrir que existan muchos potenciales candidatos (o varios, al menos) y la elección resulte sesgada por una razón u otra. ¿Qué buscamos en un representante? Es una perogrullada, pero creo que es cierto: que sea representativo del conjunto. No puede ser cualquiera porque nos caiga bien, por ejemplo. No puede ser representativo simplemente porque salga bien en las fotos. Cuando hay unas elecciones, ¿a quién preguntan la opinión del partido? ¿a uno de los militantes de base o a una persona que ocupa un cargo en el organigrama del partido? En el primer caso sería una opinión personal, en el segundo debería tomarse como una opinión colegiada o mayoritaria del partido.

Debemos abandonar la idea de que todo el mundo vale para todo, igual para un roto que para un descosido. No se puede seguir eligiendo entre mediocres para que nos representen ni para que nos marquen las pautas. Eso a lo único que nos lleva es al empobrecimiento general. Y al engreimiento de esos inútiles, que se endiosan y se creen elegidos para la posteridad, bien sea en una foto enmarcada o en un video promocional.

P.S.: NO me refiero en absoluto a las elecciones recientemente celebradas, malpensados.

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Una respuesta a La representatividad

  1. jma dijo:

    Contrariamente a lo que puede decirse de una práctica bancaria ¿sería buena algo así como una “cláusula suelo” que obligase a superar un mínimo de participación de electores para dar por buena una elección?

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