La dedicación

En estos tiempos de ERES, ERTEs y demás, es realmente lamentable que haya personas que, pudiendo dedicarse a trabajar, no lo hagan. NO me malinterpreten, por favor, me estoy refiriendo a aquellas personas que teniendo un compromiso de trabajo pues simple y llanamente no lo cumplen. Pero como aquí no pasa nada (y si pasa, se le saluda), pues todos tan contentos.

Hace algún tiempo (no sé si la reglamentación sigue igual) los profesores universitarios podían dedicarse a su trabajo en la Universidad en tres regímenes de dedicación: normal, plena y exclusiva, aumentando en este orden el número de horas de clase a impartir semanalmente (de la investigación nada, as usual); creo que hoy se denominan parcial y total las dos últimas y no estoy seguro si la primera ha desaparecido.

Lo normal, repito, lo normal, es que la dedicación se cumpla y se impartan todas las clases asignadas (bueno, no siempre, o su duración se recorta sensiblemente, en algunos casos), pero en cuanto a horas de permanencia en el centro dedicándose a otras actividades (preparar clases, atender a los alumnos, estudiar, investigar, escribir artículos científicos, etc.), eso ya es otra cosa. No es lo habitual, pero personas hay que vienen, dan su clase, se pasean por las distintas instalaciones hablando a voces para que todo el mundo sepa que están y luego desaparecen hasta el día (o la semana) siguiente.

Entonces yo me planteo si estas personas, tan preocupadas, por otra parte, por inscribirse a todas las ONGs posibles (siempre que no haya que pagar cuotas), constituirse en acérrimas defensoras de todo lo que haya que defender, oponiéndose a todo tipo de corrupción, mentira y tejemanejes varios, preocupadísimas por la paz mundial (al igual que todas las candidatas a miss mundo, aunque nunca se les ocurriría concurrir a este tipo de certámenes, no sé por qué), me planteo, digo, si estas personas, tan coherentes, dignas y rectas ellas, no deberían solicitar un cambio de dedicación y pasar de la dedicación total a la dedicación parcial. No estoy muy seguro, pues sus clases, al menos aparentemente, las imparten, y eso es lo único comprobable en este mundo. Pero siendo tan coherentes, comprometidas, dignas de elogio, enemigas de la mentira, la corrupción y todo lo demás, quizá deberían hacerlo. ¡Ojo! no es que yo esté a favor de la guerra, la mentira y la corrupción, pero intento ser coherente, tanto en el grado de cumplimiento de mis obligaciones, docentes e investigadoras, como del aprovechamiento del tiempo en las horas (demasiadas, según mi familia) que paso en mi centro de trabajo.

Y lo que digo: si tan poco contentas están con su trabajo como para prestarle tan poca dedicación y atención, pues que se vayan, recuerden aquéllo de “¡Váyase, Sr. González, váyase!”.

En fin, …

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