¿La cerramos o la privatizamos?

Tras la celebración de la Nochevieja Universitaria (NU, según algunos) ví una breve información sobre la misma en los informativos de una de las cadenas privadas generalistas. Sobre lo que allí se vio, mejor no hablar. Y estuve tratando de recordar cuántas veces Salamanca había sido noticia en dichos informativos y por qué razón. Quizá alguna noticia relacionada con la España negra, que yo no recordaba en concreto, quizá alguna noticia sobre los logros o fracasos deportivos de éste u otro equipo, pero no recordaba ninguna noticia en el último año relativa a la universidad. Ninguna específica sobre la USAL, aunque sí generales sobre la universidad española, en “suspensión temporal de las actividades” o cosas por el estilo.

Y entonces me surgió la siguiente pregunta: Si de esta ciudad sólo se acuerdan los periodistas con motivo de la NU, ¿es que la universidad no es importante? Porque se supone que se informa sobre aquéllo que es importante, sobresaliente o inusual. Entonces, si la universidad no es importante ni sobresaliente o es simplemente usual, aburrida y previsible, ¿por qué no la cerramos? ¿o la privatizamos?

Vamos a ver: la universidad pública es, por definición, deficitaria: lo que recibe por la matrícula no permite cubrir los gastos de personal, servicios y material (libros, calefacción, material de laboratorio, etc.) para su funcionamiento; hace falta una jugosa subvención pública. Según los neocon debe ser por culpa de los malos gestores que tiene -¡Horror, son funcionarios!-, por lo que una solución quizá sería privatizarla, venderla a un consorcio que se encargase de la misma, por supuesto cobrando una sustanciosa subvención estatal para mantenerla funcionando, disminuyendo la oferta, echando a la mitad del personal y rebajando a límites insultantes el sueldo de los que quedasen, a los que se les exigirían esclavizantes jornadas de trabajo (no exagero: hospitales valencianos, lavanderías hospitalarias, recogidas de basuras, etc.).

La otra alternativa sería cerrarla. Porque, a fin de cuentas, ¿para que sirve la universidad? Sí, forma profesionales gracias en gran medida a las transferencias gubernamentales, es decir, con nuestros impuestos, pero ¿dónde van luego esos profesionales? ¿Dónde aplican aquéllo que han aprendido? ¿Aquí? No, se van a Alemania, Portugal, Sudamérica o donde pueden. ¡Vaya beneficio para el contribuyente! También tenemos alumnos extranjeros (internacionalización, ¡bendita palabra!), con los que ocurre lo mismo, vienen, pagan el 25% de lo que reciben y se vuelven a su país (debidamente formados, supongo). ¡Vaya negocio!

Y si cerramos la universidad, ¿se dan cuenta ustedes la gran cantidad de edificios y locales que nos quedarían para organizar fiestas, happenings, botellones, NUs y todo lo demás que parece que es lo único que interesa en esta ciudad? Echen un vistazo a la cantidad de edificios y su buena ubicación en la ciudad; sitios ideales para lo que digo, ni cocheras de autobuses ni capillas desamortizadas. El negocio del siglo. A fin de cuentas, de acuerdo con  los informativos televisivos, lo único digno de mención que sucede en esta ciudad es que se juntan varias decenas de miles de personas, que se dicen universitarias, a celebrar una fiesta veinte días antes de la fecha real de la misma. Pero para celebrar ese tipo de fiestas no hace falta ser universitario, no hace falta la universidad, ergo … ¿universidad, para qué? ¡vive la vida y el botellón!

Cerremos, pues la universidad, o bien vendámosla al mejor postor. Ahora que a alguien le ha fallado el asunto de Eurovegas, quizá pueda sacarse un chollo similar comprando la universidad, suspendiendo sus actividades y dedicando sus instalaciones a lo que he dicho, vino, … y futbolines (bueno, falta una palabra, pero no es polite para los usos actuales).

Aunque … quizá … quizá esté equivocado, porque, a fin de cuentas, ¿que es lo que diferencia a esta ciudad de muchas de su entorno y qué es lo que la ha hecho especial durante algunos periodos de su historia? Pues … la universidad, no otra cosa. Ni la boda de Felipe II con María Manuela de Portugal en 1547, ni el establecimiento del Cuartel General de Su Excelencia en el año 1936, ni siquiera su permanente pugna con el resto de esta Comunidad, pues la película Calle Mayor (Juan Antonio Bardem, 1956) bien podría haberse rodado en Salamanca (ambientada ya parece estarlo).

No, no cerremos la universidad, defendámosla, renovémosla, démosle vida, mimémosla. Quizá podríamos parafrasear a JFK: “‘ask not what can America do for me, but what can I do for America’. Y, sobre todo, no la vendamos (ni vendemos). Creo que más vale dejar las heridas a la vista, para que se oreen y, al reconocerlas, nos apresuremos a curarlas. Pero no olvidemos que por ser precisamente de todos no es nuestra, no la patrimonialicemos; no es ni la guardería de nuestros hijos ni la salita para echar la siesta después de comer. Es el sitio para trabajar.

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Una respuesta a ¿La cerramos o la privatizamos?

  1. eduardo peris mora dijo:

    Ya conocemos lo que nuestro gobierno piensa de los catedraticos (de química como referencia, pero extensible a todas las áreas) en comparación con los ALTOS FUNCIONARIOS COMO LOS REGISTRADORES DE LA PROPIEDAD.. ¡No vamos a comparar a unso comn otros!

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