El fontanero

Es ese señor que, armado con un soplete, una llave inglesa, un juego de llaves fijas, un poco de cáñamo (últimamente sustituido por cinta de teflón), se agachaba debajo del fregadero, nos enseñaba la hucha y luego nos cobraba, tras dejarnos la cocina o el cuarto de baño hecha unos zorros.

No recogida en el DRAE existe otra acepción, muy utilizada recientemente, que se refiere a aquellas personas que realizan el trabajo por debajo, para que su jefe consiga sus fines por encima. Por ejemplo, en los procesos electorales, la labor de acercar posturas para conseguir coaliciones, apagar algunos incendios entre grupos del partido, … ese tipo de cosas las suele hacer un fontanero.

¿Trabaja siempre en la sombra? No, por supuesto. A veces es premiado con jugosas dádivas, prebendas o mamandurrias.  Bien sea como asesor, con lo que sigue haciendo lo mismo, pero saliendo en la foto; o, en otras ocasiones, como segundo de a bordo del mandamás. Todo va bien, hasta que, por hache o por be, el mandamás y su segundo terminan por partir peras. Puede entonces que ocurran varias cosas. Que el fontanero, con el rabo entre piernas, vuelva a su feudo (poco habitual, pues generalmente se ha desacostumbrado a trabajar), o bien que, en un claro ejercicio de hombre corcho, su defenestración se haga encumbrándolo a otro puesto, jugoso, pero más alejado del poder real o visible.

En otras ocasiones puede darse una tercera situación: que el fontanero decida, finalmente, dar la cara y  no sólo discurrir en la sombra, sino actuar de frente y a cara descubierta. Intentar ser el mandamás, vamos. ¿Y con qué nos encontramos? Pues las menos de las veces con que sirve, con que lo hace, con que es capaz de aplicar él solito aquéllo que recomendaba a su dios. Pero desgraciadamente nos encontramos en la mayoría de los casos con una escenificación de la inutilidad: el chaval era muy bueno asesorando, sugiriendo, tomando copas con los enemigos para templar gaitas, pero cuando ahora tiene que dar la cara lo que no da es la talla.

Y así nos puede ir, ¿no? Y no saquen conclusiones rápidas, porque se estarán equivocando.

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