¿Para qué?

Probablemente ustedes hayan oído eso de que “un gallego es aquella persona que, si te la encuentras en una escalera, nunca sabes si sube o baja”. No, no es así, evidentemente, pues si esa persona tiene delante escalones a menor altura que la de sus pies es que está bajando la escalera, mientras que si los escalones que se encuentran delante de él están a mayor altura que los pies, es que está subiendo la escalera. Así me lo razonaba, manifiestamente enfadado, un colega de la Universidad de Santiago de Compostela. Bien; ya saben que el dicho se refiere a la tradicional (se supone) indecisión de los gallegos en sus afirmaciones (“puede”, “quizá”, “no sé”, “habrá que verlo”, …).

En esto de la conversaciones y diálogos hay veces que lo que ocurre es que suministramos demasiada información a quien nos pregunta. Si usted va por la calle y alguien le pregunta “¿Tiene usted fuego?”, usted puede que conteste “No, no fumo” ¿Qué le importa al preguntador si usted fuma o no? Él lo que quiere saber es si tiene usted fuego o adminículos con que generarlo; quizá no sea fumador, sino un pirómano que se ha quedado sin herramientas. Igual que cuando le preguntan “¿Tiene hora?” y usted contesta “Sí, las tres y media”; evidentemente la respuesta debe ser “Sí”  (o “No”) y nada más; no le han preguntado a usted qué hora es, simplemente si usted tiene hora. Le pedí a un amigo su número de teléfono móvil y me contestó “¡No llevo reloj desde hace más de veinte años, así que como para llevar teléfono móvil!”, en vez de decir “No, no tengo móvil”, pues sus principios o finales con los relojes y los teléfonos, lo más probable, es que no sean de mi incumbencia.

Aunque la palma se la llevan algunas personas, preferentemente mujeres (y perdonen el matiz sexista, pero si hacen la prueba sobre una muestra suficientemente amplia de hombres y mujeres, seguro que ganan ellas) en otro tipo de conversación o diálogo. Usted le dice a una compañera de trabajo “¿Tienes una grapadora?” y ella, en vez de decir “Sí” o  “No”, dice “¿Para qué la quieres?”, aunque es evidente que es para grapar algo, no será para hurgarse la nariz. Usted le pregunta a una amiga “¿Te acuerdas en que fecha te sacaste el carnet de conducir?” Ella no responderá “Creo que fue el 25 de junio del año pasado”, no, ella dirá “Para qué?”. Puede, sólo puede, que a continuación y sin esperar respuesta por su parte (de usted) ella prosiga “Creo que fue el 25 de junio”, pero seguro, seguro, que la primera respuesta será el “Para qué?” y puede, sólo puede, que la complete dándole la información que usted le ha solicitado.

(Para serles sinceros, hay veces, pocas, pero las hay, en las que la pregunta “¿Para qué?” viene imediatamente, pero inmediatamente, detrás de la pregunta planteada).

 

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