La otra conciliación

Creo que es bastante evidente la componente de guerra de sexos que tiene el asunto de la conciliación de la vida privada (más bien doméstica) y profesional. Hace poco escribía aquí sobre la importancia de la relación en la pareja para esa conciliación y la manía de culpar de ella (o de su carencia, mejor dicho) a personas ajenas a la misma. En el mismo sentido, el de la guerra de sexos, que la película La costilla de Adán, dirigida por George Cukor e interpretada en sus principales papeles por Katharine Hepburn y Spencer Tracy, aunque hay quien tilda a la película de ser un alegato feminista (¿Será que todo es la misma cosa?).
A fin de cuentas, la queja que subyace en el asunto de la conciliación es la dificultad para el progreso profesional por dedicarse a las tareas domésticas, ¿no?
Pero hay otras situaciones en las que los plañideros victimistas de siempre buscan también a alguien a quien echarle la culpa de sus fracasos y frustaciones. Conozco algunas personas que, tras acabar sus estudios y antes de (intentar) lanzarse al mercado laboral, han dedicado algún tiempo (ellos lo llaman «tomarse un sabático») a labores sociales, en una ONG, o actividades similares; naturalmente, eso les supone un retraso en dicha incorporación al mercado laboral, pero ha sido su elección, altruista y bien intencionada y nunca suelen quejarse de las consecuencias de la misma. Por cierto, se me ocurre que una cosa similar podría considerarse para el Servicio Militar Obligatorio para los hombres o el Servicio Social (no recuerdo si el nombre es correcto) para las mujeres, aunque en estos casos no se trataba de una elección libre, sino de una imposición. Pero otros se han dedicado a actividades que podríamos calificar de más frívolas; hay quien se ha dedicado a ser Mr. Universo, o intentarlo, durante algunos años; otros a pilotar avionetas deportivas u otros deportes de riesgo o menos riesgo, sin olvidarnos de otros que se lo han tomado con calma y allí donde otros dedicaban esfuerzos y le echaban horas, se dedicaban al mus, al fútbol (verlo, no practicarlo, eso ya sería pedir demasiado) o simplemente al dolce far niente, al disfrutar (sí, digo bien, disfrutar) de un inútil y odiado, pero no exigente, jefe.
¿Cómo pueden estas personas, cigarras a fin de cuentas, quejarse de que las hormiguitas han llegado más pronto, más lejos y más alto que ellos a las posiciones a las que están ansiando llegar o llegan casi con el finiquito de la jubilación? Pues con mucha desfachatez, mucha caradura y mucho victimismo, echando balones fuera, la culpa a los demás y, como siempre, culpando a otros de sus propias decisiones, errores y fracasos, nunca de sus éxitos, claro. Y siguen dedicándose a esos asuntos esotéricos no relacionados con su trabajo, ¡faltaría más!

Y es que el éxito de otros siempre nos fastidia, sin quizá reconocer que en esa carrera unos se han dedicado a correrla y otros se han entretenido con las musarañas que se han encontrado a lo largo de la misma. Disfruta de tus musarañas, que el otro ha llegado antes a la meta, pero no ha disfrutado como tú de las musarañas; cada uno se ha dedicado a lo que en cada momento más le ha apetecido.

También es cierto que en otras ocasiones la culpa no ha sido, en principio, sólo de ellos, aunque siempre existía la posibilidad de rebelarse, digo bien, o de buscar otro pesebre menos cómodo.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en La Universidad, La Universidad-General y etiquetada , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s