Mindundi

Este vocablo no aparece en el Diccionario de la RAE, pero en otros diccionarios se da como significado para el mismo persona insignificante o de poca categoría.

¿Existen los mindundis? Sí, por supuesto. Su insignificancia hace que habitualmente no los identifiquemos, parecen transparentes, pues están mimetizados, camaleonizados, con su entorno, con el paisaje, bien sea con tonos térreos o amarillentos (en el verano) o quizá verdosos (en el invierno); son anodinos. Son, por lo demás, envidiosos, pues no se consideran suficientemente valorados, lo cual resulta contradictorio, ya que tampoco dan habitualmente un paso al frente para hacerse ver. Son típicos “calientasillas”, que terminan llegando a donde están, simplemente por estar, estar, estar, … sin ser en ningún momento.

Sin embargo, hay veces en que a los mindundis les llega sus quince minutos de gloria (Warhol, “In the future, everyone will be famous for fifteen minutes“). Y el mecanismo para ello es muy  sencillo. Dada su ineptitud, su incapacidad para dar un paso adelante, tienen que esperar a que las personas activas se fijen en ellos para sacar adelante sus proyectos, cuando no tienen a nadie más a su alrededor en quien confiar (¿por qué será?).  Entonces les ofrecen un plato de lentejas a cambio de la fidelidad más absoluta y por los siglos de los siglos (a lo que, por supuesto, el mindundi musita respetuosamente “amén”). En cuanto el mindundi se considera reconocido comienza su gloria; sin aspavientos, claro, pues es incapaz de pensar por sí mismo y se remite a cumplir y seguir al pie de la letra las instrucciones que su Pigmalión le dicta. Eso sí, saca pecho, levanta la cabeza y, como ya he dicho en varias ocasiones, se ve bajo palio y objeto de todas las miradas y comentarios (los entiende laudatorios, por supuesto). Y cuando tiene que actuar en la tarea que le ha sido asignada pues habitualmente se evidencia su inanidad, con actitudes absurdas, inocuas, inoperantes o incluso salidas de tono. No deja por ello de manifestar también su victimismo con un soplido que suena a “¡Por fin! ¡Con lo que yo me lo merezco!”. Incluso si puede, utiliza esta nueva situación para sacar viejos rencores y venganzas, en la seguridad de que su actitud quedará impune.

Y así estamos, mindundis aupados al poder (¡que poder!) por mangantes incapaces de desarrollar su labor o incapaces de rodearse de personas activas, coherentes y emprendedoras (quería evitar esta palabra, se lo juro), haciendo bueno aquéllo de que “en el país de los ciegos, el tuerto es rey”, a lo que yo añadiría “apoyado en su mindundi bufón”. No acaban de aprender que es mucho mejor rodearse de personas válidas y saber delegar en las mismas las funciones más adecuadas a sus capacidades, pero ¡ay! resulta muy difícil, en primer lugar, reconocer que otro es más válido que uno y, segundo, a partir del primer presupuesto, no se encuentran personas más valiosas, de ahí que sólo se encuentren mindundis.

Y, por supuesto, esta actitud crea escuela, virusiza, y el mindundi rodeado de mindundis consiguen anular otras actitudes por lo menos más sensatas y se extienden por los siglos de los siglos en su no hacer. ¡Ah! por supuesto, también habrá que tener en cuenta la acción por omisiñon (no es un contrasentido) de esos sensatos, que permitieron la situación.

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Una respuesta a Mindundi

  1. clavileño dijo:

    queda menos politicamente correcto pero es más exacto su “lazarillo”

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