El filibustero

No es una nueva entrega de Piratas del Caribe (¡cómo ha desmejorado esa serie de películas!), pero el nombre quizá les suene de las continuas exclamaciones del Capitán Haddock , quien votaba a bríos y llamaba “filibustero” a cualquiera que se le pusiese por delante”. Un filibustero es, en cierto modo, un tipo de pirata, aunque se establecen diferencias entre filibustero, bucanero y pirata.

Una palabra derivada es filibusterismo, que tiene un significado completamente distinto, pues en su segunda acepción significa obstruccionismo parlamentario. Consiste en hablar, hablar y hablar sin dejar de hacerlo, para retrasar la aprobación de una ley o cualquier otra disposición reglamentaria. Es decir, usted es miembro de un Parlamento (o similar) en cuyo reglamento consta que cuando un miembro toma la palabra no puede ser interrumpido ni se le puede quitar (la palabra), a menos que pare de hablar (como se lo cuento). De esta manera si, supongamos, una norma debe ser aprobada antes de las 6 de la tarde por alguna razón específica y usted no quiere que esa norma se apruebe, pues usted pide la palabra, se pone a hablar, llegan las seis y un minuto y ¡hala! ya no se aprobó la norma. Habrá que esperar al siguiente periodo de sesiones.

Evidentemente es una situación extrema y que nos puede parecer curiosa, pero existen otras formas de filibusterismo. Imagínese que usted no es sólo miembro de ese Parlamento, sino que, además, es el presidente del mismo, encargado de establecer la lista de temas a discutir. Pues bien, si usted no quiere que se discuta un tema (y que se tome una resolución sobre el mismo), pues lo tiene muy claro: no lo incluya en el “orden del día” hasta que no le quede más remedio o se lo pida el porcentaje de miembros especificado en el reglamento; cuando lo haga, entiérrelo en una sesión larguísima, de modo que pase casi desapercibido entre un maremágnum de temas inanes; dedíquese a discutir cansinamente sobre cada uno de los temas que surjan, dando la palabra a unos y otros, hasta conseguir que la gente, aburrida, se vaya yendo. Hasta que sólo queden sus (de usted) fieles en la reunión, llegan entonces rápidamente a ese punto y … no se aprueba. Hasta, quizá, el próximo periodo de sesiones, pero entonces quizá haya perdido ya su actualidad, ya no interese o puede que incluso quien estuviese interesado ya no lo esté o haya decidido “pasar” del asunto.

Pues bien, creo que eso también se puede denominar filibusterismo, maniobra dilatoria, obstruccionismo, o como ustedes quieran. ¿Se practica? ¡Por supuesto que sí!

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