La fecha límite

No sé si a ustedes les ocurre, pero a mí está empezando a preocuparme. Me explico. Cuando ustedes compran alimentos con fecha de caducidad o de consumo preferente, ¿los consumen cuando les viene en gana o los dejan para inmediatamente antes de dicha fecha? Es la siguiente situación:

  • -¿Cari, ¿que comemos mañana?
  • -No sé, ¿qué hay?
  • -Unos filetes de salmón, ternera, … espera … aquí hay … sí, unas albóndigas que caducan pasado mañana.
  • -Pues ya está; las albóndigas.

O en la cena:

  • -¿Qué quieres de postre?
  • ¿No hay fruta?
  • No, unas natillas, un yogur o un flan.
  • -¿Hay algo a punto de caducar?
  • -Sí, espera … sí, el yogur caduca .. hoy mismo.
  • -Vale, dame el yogur.

¿De verdad que NUNCA les ha pasado esto? Pero lo malo, incluso lo peor, es que una situación similar se da cada día con mayor frecuencia en el trabajo, con respecto a los plazos para terminar las cosas. Se dan situaciones absurdas, de todos modos; por ejemplo, que la fecha límite para entregar las calificaciones de un examen sea posterior a la fecha prevista para realizar el examen de recuperación (se lo juro; y los de la universidad se supone que somos los listos que tenemos que enseñar a los demás …).

Pero, a lo que iba: si usted debe entregar las calificaciones antes del viernes 19, ¿agota el plazo? Seguro; incluso puede que empiece a corregir el miércoles y se pase el jueves quejándose: “¡No me da tiempo! ¡No me da tiempo”.

Y con más actividades. Miren: una de las cosas a las que me dedico (al igual que otros profesores de la universidad) es a evaluar proyectos de investigación o artículos científicos; cuando usted remite un artículo a una revista, el editor de la misma lo manda a dos evaluadores (referings, como dicen algunos, del inglés referee, árbitro) y con los informes de ambos y su propio análisis del artículo, decide aceptarlo, rechazarlo o sugerir cambios a los autores. Pues bien; me llega una invitación a evaluar un artículo, digo que sí, me dan tres semanas para evaluarlo y hasta que no han pasado 18 o 20 días no me pongo a hacerlo. ¿A que ustedes hacen lo mismo?

No pasaría nada si, finalmente, enviase los informes o publicase las calificaciones dentro del plazo establecido, para así evitarme recordatorios del editor o expedientes administrativos, pero no saben ustedes el estrés que me causa esta dejación, esta abulia para ponerme a hacer estas cosas.

¿Cuándo hacen ustedes la declaración de Hacienda? ¿Cuando se abre el plazo o cuando se está agotando? Y no me refiero a entregarla, sino simplemente a hacerla, para saber cuanto le van a crujir esta vez. ¿Cuándo llevan ustedes el automóvil a la ITV? El mismo día en que caduca la revisión anterior, ¿verdad? ¿Y la renovación del de-ene-i? Si viaja a un país en el que el euro no es la moneda de curso legal, ¿cuándo van ustedes a comprar coronas o libras o dólares? NO más de una semana antes, seguro. Y así podríamos seguir con más ejemplos.

¿De verdad que a ustedes no les pasa? Esto sí que es un sinvivir …

Anuncios
Esta entrada fue publicada en De todo un poco, La Universidad, La Universidad-General y etiquetada , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s