La gelatina de 2001

No es nada que haya encontrado en el último rincón de la nevera y que lleve ahí desde el año 2001, entre otras cosas porque suelo limpiar la nevera con frecuencia y la que tengo, por cierto, la compré en el año 2011.

¿Han leído ustedes la novela de Arthur C. Clark 2001: Una odisea del espacio? ¿Han visto ustedes la película del mismo título dirigida por Stanley Kubrick y basada en aquélla? Si no han hecho ni una cosa ni la otra dejen de leer este blog e INMEDIATAMENTE acérquense a la librería más próxima (las hay, probablemente emparedadas entre un bar y una sucursal bancaria, pero las hay) o conéctese a Internet y consígalas, una, otra o ambas. Léala. Visiónela. Cuando termine siga leyendo.

¿Ya? De acuerdo.

Vamos a casi el final. El capitán Bowman llega a una habitación en la que descubre una guía telefónica de Washington D.C., según estaba escrito en la portada, el interior estaba todo en blanco; algunos muebles cuyos cajones no se abren, pues son ficticios; varios libros y revistas en los que sólo eran legibles los títulos, …En el frigorífico había paquetes y latas de conservas cuyas etiquetas eran borrosas e ilegibles, pero no había nada de huevos, leche, mantequilla, carne, pescado, … nada de productos naturales no procesados. Al coger un paquete de cereales para el desayuno, lo que descubrió en el interior era … una sustancia azul, ligeramente húmeda, con aspecto de budín o gelatina. El mismo contenido de una lata de cerveza que también encontró en el frigorífico, como todos los demás paquetes, latas, etc., que encontró.

En definitiva, le habían creado un escenario igual al que alguien había visto tres años atrás, cuando la luz del sol impactó en el monolito encontrado en la Luna. Todo era apariencia, simple apariencia, pero ese alguien creía que era válido, aunque se había quedado sólo en el envoltorio.

¿Lo ven? La apariencia, el envoltorio y dentro nada; bueno, a lo sumo gelatina azul. Pues sí, porque hay personas (gelatina azul al 100 %) que creen que con ponerse un determinado envoltorio alcanzan las características y bondades que el envoltorio dice. ¿Que llevo una pulserita con la bandera española? Pues ya soy una persona “como debe ser”. ¿Que quiero ser progre? Pues me quito el sujetador. ¿Que quiero ser moderno? Pues ya está, gafas de pasta, de color blanco o amarillo piolín y se acabó; sin graduar, claro, pues las gafas en realidad no me hacen falta, pero me hacen moderno. Me compro una raqueta de tenis (la más cara, por supuesto) y ya no tengo nada que envidiar al manacorí; me dejo el pelo largo y rizado y el exjugador de fútbol de La Pobla de Segur es una sombra a mi lado. ¿A que es así? Otros creen que por  referirse a las autoridades por su nombre de pila ya son guay: “Me ha llamado Paco para una reunión”, “¿Paco?”, “Sí, el Decano”, “Ah”. O el uso de acrónimos para casi todo; el usarlos, aunque se desconozca su significado, señala que estás, que eres, aunque sólo seas eso, apariencia.

 

Aunque, la verdad, no sé por qué me sorprendo. ¡Si es que esto es muy viejo! Aunque la mona se vista de seda, mona se queda.

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