La patente

Cuando hace algunos años comencé a leer novelas y estudiar Historia (se parecen algo, ¿no?) había cosas que me extrañaban mucho y recurría a un Diccionario para saber de qué se trataba; no existía Wikipedia. El diccionario, sin embargo, no era enciclopédico y había cosas que no venían o yo no entendía bien.

Una de las que me extrañaba era lo de “patente de corso”, que Drake tenía “patente de corso” y, según otros sitios, era un “pirata”. Y yo no lo entendía, la verdad, pues lo de “patente” yo lo tenía asociado a “marca patentada” o algo por el estilo.

Luego ya ví de que se trataba; de hecho, el DRAE recoge patente de corso como “Autorización que se tiene o se supone para realizar actos prohibidos a los demás”.

Es decir, que la reina de Inglaterra autorizó a Sir Francis Drake a atacar a los barcos españoles que hacía la Carrera de Indias. Pero, además en exclusiva, pues, fíjense en la definición del DRAE, “… para realizar actos prohibidos a los demás“.

No es tan infrecuente esto de la patente; vean ustedes. Yo creo que todas las personas que se dedican a algo específico lo hacen con mayor o menor dedicación y mayor o menor suerte o éxito. Podemos aceptar que uno se dedica a algo, con sus mejores esfuerzos, al tiempo que otros lo hacen. Y sólo desde la más coriólica soberbia puede uno creerse no ya que es el que mejor lo hace, sino que es el único que lo hace bien. Fíjense: yo puedo creer que soy el que mejor hago una cosa, pero acepto que otros lo hagan, aunque no tan bien como yo (y saco matrícula de honor y los otros un raspadillo aprobado); pues bien, las personas a las que me refiero se autoasignan una matrícula de honor con luces parpadeantes y pintura fosforescente, y no permiten que los demás ni siquiera puedan acceder a presentarse al ejercicio. Son los únicos investigadores, no los mejores; los únicos. Son los únicos docentes; no los mejores; los únicos. Son no los más demócratas, sino los únicos demócratas. Y si alguien se atreve a dedicarse a la investigación, a la docencia o a ejercer algún tipo de actividad democrática (como presentarse a un cargo, por ejemplo), lo hacen el objetivo de sus más crudas diatribas, simplemente anulando la acción del otro. O pretendiéndolo, claro.

Los hay, no es este comentario el fruto de una imaginación desmesurada. Igual que nos hablaban de la madre de todas las batallas, seguro que conocen ustedes a la madre (o al padre, que aqui sí que no hay sexismo ninguno) de una determinada disciplina académica (o yo o el caos) o a la madre del mejor y único régimen posible.

¿La solución? Como con todos los iluminados: ignorarles. Es lo que más les duele.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en La Universidad y etiquetada , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s