Cuervos

¿Quién no sabe qué es un cuervo? ¿ No ha visto usted nunca ninguno? No son los únicos protagonistas de la película Los pájaros, de Hitchcock, ahí parecen tener más peso las gaviotas.

Según el dicho, “cría cuervos y te sacarán los ojos”, aunque alguien más optimista lo cambió a “cría cuervos y tendrás más”.

La verdad, que parece una animal antipático; le falló a Noé cuando lo lanzó desde el arca para comprobrar la retirada de las aguas tras el Diluvio y no volvió; ahí es donde la Historia encumbró a la paloma, que sí regresó.

Pero no todo son maldades, a priori. Es omnívoro y se alimenta de todo lo que encuentra: carroña, insectos, residuos de alimentos, cereales, bayas, frutas, etc. Aparece en varias mitologías europeas (no es raro, pues se extiende preferentemente por el hemisferio septentrional) y, al igual que Gibraltar dejará de ser británico sólo cuando desaparezcan los monos de la Roca, Inglaterra sólo sucumbirá a sus enemigos cuando los cuervos desaparezcan de la Torre de Londres (por cierto, a pesar de su amor a los animales, los ingleses, además de dedicarse a la caza del zorro,  les cortan las alas a esos cuervos  para que no puedan irse de la Torre).

Se conocen hasta ocho subespecies, pero seguro que los estudiosos del tema se olvidan de una, la correspondiente al cuervo humano. Su morfología es indistinguible de la de los demás humanos, por lo que su identificación no es sencilla de visu y hay que esperar, a veces mucho tiempo, a observar su comportamiento. Cuando éste se desarrolla y manifiesta en su plenitud, comienza la fase metafórica de “sacar los ojos” a las personas que los han cuidado y criado durante su tierna (o no tanto) juventud. Como durante ese tiempo han tenido que moverse al ritmo que sus cuidadores les han marcado, una vez se encuentran con fuerza, crecidos, mandoblean a un lado y otro. En ese sentido, a veces parecen ser el resultado de un extraño cruce con una urraca, pues tienden a apoderarse de todo, brille o no. Además, al igual que alguna otra especie, también es un personaje robanidos, pues a la mínima que puede, si ve un nido vacío lo llena con su propio cuerpo y lo marca de alguna manera, al igual que otros muchos animales marcan su territorio de poder e influencia. Ese terreno alrededor del nido lo va ampliando con mayor o menor premura, según la velocidad con la que quiera aparecer como único rey del mambo.

Tengan ustedes cuidado con los cuervos, pues haberlos, haylos, son más abundantes de lo que usted cree y, por supuesto, más peligrosos que los también antipáticos protagonistas de la obra de Hitchcock más arriba citada. Y que, por cierto, tiene originalmente el ingenuo título de “The birds”; Hitchcock era inglés.

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Una respuesta a Cuervos

  1. jma dijo:

    Puedo confirmar lo que dices del “cuervo humano” (sin precisar género, ahora). En nuestro oficio (exoficio entonces) se manifiesta más crudamente en la jubilación.

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