El fiscal y la conciencia

¿No les parece a ustedes que la conciencia y el fiscal juegan papeles relacionados? No, no estoy particularizando sobre ningún fiscal específico, me refiero al papel que el fiscal juega, genéricamente. La conciencia es ese “algo” que desde un punto de vista de moral natural o basada en unas creencias religiosas, nos dice si deben o no realizarse unas determinadas acciones (¿recuerdan el angelito bueno y el angelito malo que asesoran a Peter Griffin? Padre de familia, T3, episodio 15), aunque supongo que habrá interpretaciones o definiciones más sesudas, pero ya saben, lo mío es una pequeña parte de la Ciencia y estas cosas las entiendo sólo parcialmente. El fiscal es esa figura que luego, si hemos actuado en contra de lo que él (o las leyes que él dice defender) considera correcto, nos riñe y acusa de malos. En resumen y en plan titular de periódico: si actúas en contra de tu  (¿tu?) conciencia puedes encontrarte con un fiscal que te lo recrimine.

Por otra parte, en las películas sobre juicios y temas relacionados, ¿quién es el personaje mas antipático? ¿Quién es el malo de la película? ¡El fiscal! Probablemente haya películas en que no sea así, pero reconozcan que en la mayoría de las ocasiones así es. Algunos de ustedes quizá recuerden Perry Mason, una serie de la época de la TV en blanco y negro (basada en las novelas de Erle Stanley Gardner) en la que este abogado defensor siempre le ganaba las causas al malo del fiscal, siempre con la ayuda, claro, de un guaperas que en los últimos tres minutos de la peli se le acercaba y le pasaba una información esencial y que hasta ese momento nadie sabía y ni siquiera había intuido.

¿Y por qué nos cae antipático el fiscal? A fin de cuentas, está haciendo su trabajo. Pues quizá porque no nos gusta sentirnos vigilados, reprimidos, controlados, a todas horas. Y el fiscal (y la conciencia) disfrutan controlándote, advirtiéndote de que todo lo estás haciendo mal y, en la mayoría de los casos, presumiendo que sólo él (el fiscal) o ella (la conciencia) representan la rectitud, la honradez y el óptimo comportamiento; no son casta y puede que incluso regenerables.

Sin embargo, a veces (especialmente en las películas con un cierto grado de moralina) se nos indica que el fiscal, en realidad, es malo, no porque nos caiga antipático, sino porque ni él mismo se comporta de acuerdo con esas leyes que tanto defiende y por las que aboga.

Tienen ustedes numerosos ejemplos; no hace falta irse muy lejos, ni siquiera recurrir a ese colectivo en los que hay de todo, los políticos. Lo tiene usted muy cerca, en su entorno inmediato, por ejemplo, en su trabajo, seguro: esas personas que están siempre ojo avizor, marcando las pautas (o pretendiendo marcar) del comportamiento de los demás. Repito: de los demás. Repito: de los demás. Pero no la suya propia. Puede exigirte hasta la más nimia de las exigencias, pero para él (el fiscal) o ella (la conciencia) no hay problema; si le exiges, te mostrará su vertiente más querida: el victimismo.

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Una respuesta a El fiscal y la conciencia

  1. jma dijo:

    Si es “ella” el victimismo puede adoptar la máscara del feminismo.

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