El castillo de G

Me imagino que ustedes, como yo, tendrán asociado el castillo a una edificación fortificada, habitualmente en lo alto de un monte o un cerro, al menos, quizá cerca de un río o un lago y construida en la Edad Media. No siempre es así, pues en Francia se denomina château a otro tipo de construcciones. Incluso en Inglaterra se dice que tu casa es tu castillo, o For a man’s house is his castle, et domus sua cuique est tutissimum refugium.

¿No se construyen castillos hoy en día? Sí, incluso en el sentido literal; recuerden Xanadú, construido por Charles Foster Kane; aunque ficticio, sin dudas inspirado en otro real. Pero la gente de a pie es más modesta y a nuestras casas, nuestros pisos, nuestros apartamentos, nuestros lofts (perdonen el plural) los consideramos nuestro castillo. En él nos sentimos cómodos, protegidos, acariciados, libres (a pesar de sus paredes) y todo ello a pesar de sus habitualmente reducidas dimensiones, si lo comparamos con los castillos convencionales.

Al igual que casi todo el mundo, G construyó un castillo; bueno, no lo construyó, lo adquirió, no todo el mundo hoy en día se dedica a construir. Escogió una ubicación muy adecuada. Evidentemente, los fines del castillo de hoy en día no son los del castillo de antaño, por lo que no es necesario que se encuentre en lo alto de un cerro, para que su defensa sea fácil, siendo mucho más provechoso que se encuentre no lejos de tu centro de trabajo, en una zona ni muy poblada ni tampoco muy aislada, bien comunicada, pero tampoco inmediatamente sobre una carretera o avenida muy transitada y ruidosa. La casi obligatoria necesidad de vivir en comunidad hoy en día también te lleva a tratar de elegir a tus vecinos, lo cual haces implícitamente al elegir una zona. Es importante que se encuentre cerca también de zonas de ocio y de zonas comerciales. Aunque tampoco hoy es necesario un río cercano para poder abastecerse de agua sin problemas, sí es verdad que la frescura que el río proporciona es siempre aconsejable y agradable, si tenemos en cuenta el clima en el que estamos (y el que parece que se nos viene encima).

Así lo hizo G a la hora de elegir zona, sopensando todos los inconvenientes y las ventajas que se deducen de las condiciones expuestas. Naturalmente no todas son alcanzables e incluso es posible que las circunstancias cambien tras haber decidido la ubicación y haberse incluso instalado en el castillo; así, no es evitable que en los bajos te instalen una sala de juegos o una discoteca y tengas que aguantar lo que ello conlleva.

G también rellenó el castillo con todo aquéllo que le pareció imprescindible y necesario para la vida en nuestros días; nada de mazmorras o calabozos para encerrar a los enemigos (aunque siempre viene bien un trastero para almacenar cosas que luego se tiran para hacer más sitio a cosas que más tarde se van a tirar para hacer más sitio, etc.); nada de cuerpo de guardia ni torre del homenaje; todo más accesible, más a mano, más íntimo, para así poder disfrutar en su castillo de todo aquéllo que le es querido.

Como G, todos tendemos a actuar de esta manera y nos sentimos orgullosos de conseguirlo. Bueno, no todos actúan de esta manera; los que se mueren por el qué dirán y les preocupa más el postureo que la realidad simplemente se limitan a un quiero y no puedo ridículo, ampuloso y pretencioso, que hace aun más lamentable su actitud.

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