El pasajero presuroso

No sé si a ustedes les ha pasado frecuentemente, pero seguro que alguna vez sí. Me refiero al pasajero presuroso. Puede parecer una obviedad, pues habitualmente, salvo cuando uno se dedica a pasear o viaja por placer, el pasajero siempre tiene prisa;  sólo hay que echar un vistazo al vestíbulo de una estación de tren o de autobús; en el aeropuerto el pasajero no está presuroso, sino habitualmente cabreado, por los retrasos y el desprecio permanente que recibe de la correspondiente compañía aérea.

Usted llama a un amigo por teléfono, simplemente por el placer de hablar con él. Éste no le coge el teléfono, pero le llama al cabo de un rato o un día o varios. La conversación se corta con frecuencia y parece haber interferencias; tanto es así que usted le pregunta “¿Estás en casa?”, a lo que él contesta “No, voy en el coche, pero no te preocupes, que tengo instalado un manos libres“. A usted no le preocupa la tecnología, sino lo que seguramente le cabrea es que su amigo (si es que lo es) no le llame desde su casa, tranquilamente, para que puedan mantener una conversación sin sobresaltos, prisas ni demás. Su amigo está perdiendo el placer de la conversación en aras a una pretendida efectividad, pues cuando usted le recrimina (eso sí, muy suavemente) su actitud, él le contesta “¡Pues anda que no he resuelto yo cosas desde el coche por el móvil!”. Pero es que la conversación con el amigo no es algo que se tenga que resolver, no es un negocio que haya que cerrar, sino que es algo que hay que hacer con tranquilidad y placer. Mi recomendación: pase usted de ese amigo, simplemente no lo es.

O este otro escenario: Usted y algunos de sus amigos frecuentan los mismos bares, tascas, tabernas o cafeterías. Usted le ha mandado a su amigo un documento por correo electrónico, pero él no le contestó; al poco usted llega a una de esas cafeterías y ve a ese amigo al fondo de la barra, con otras personas. Usted no interrumpe la conversación, pero al salir, su amigo le roza levemente el hombro y le dice “Ya ví el correo y el documento, gracias, muy interesante”. Otro ejemplo de pasajero presuroso.

O este otro: esa persona que quiere estar en todas las salsas (Cecilia le dedicó una canción insuperable) va con un amigo y se encuentran con usted; “¿Qué tal? ¿y la familia?”; usted comienza a contestar y contar las gracias de su nieto, o lo muy cansado que está del trabajo y a mitad de conversación, la tal perejilera interrumpe diciendo “¡me voy! tengo que …” y aquí puede añadir casi lo que quiera: renovar el tique del aparcamiento, llamar al estilista (o al peluquero, “¡Rupert! te necesito”), ver a un admirador, …

En fin, aquí tienen ustedes tres ejemplos. Hay más y están este mundo, pero sería muy largo incluirlos todos aquí.

 

(Lo de pasajero no es porque viaje, sino porque pasa … de usted).

 

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