Atalaya

Es evidente que cuanto desde más alto miremos, hasta más lejos alcanza nuestra vista (Atalaya: “Eminencia o altura desde donde se descubre mucho espacio de tierra o mar“, segunda acepción, DRAE). La altura te proporciona una posición de importancia, dominación, sobre aquéllo que se encuentra más abajo. Ver más o para que te vean mejor. No sé si las tarimas de nuestras aulas están para lo uno o para lo otro, pero es indudable que no es para que te vean mejor, sino para quedar por encima (ya que habitualmente no pueden de otra manera), para lo que algunos jefecillos ponen su sillón en lo alto de una pequeña (a veces indisimulada) tarima, suben el asiento lo máximo que el mecanismo se lo permite y paralelamente bajan al mínimo el del sillón de su “súbdito”.

Perdón por la disgresión, no quería ir por ahí. Quiero referirme al uso de otros como posible atalaya para ver  mejor y más lejos. La frase es atribuida a Bernardo de Chartres (siglo XII):

Decía Bernardo de Chartres que somos como enanos a los hombros de gigantes. Podemos ver más, y más lejos que ellos, no porque la agudeza de nuestra vista ni por la altura de nuestro cuerpo, sino porque somos levantados por su gran altura (aquí).

O, en otras palabras, nada de lo que hacemos podemos considerarlo propio y exclusivo y novedoso, pues es consecuencia en alguna parte de nuestro propio esfuerzo y en mucha mayor medida de lo que otros hicieron antes. Se puede aplicar, por supuesto, a la Ciencia, a la Investigación, pero también a las “Ciencias” Sociales e incluso a la política, aunque haya ahora algunos iluminados que renieguen continuamente de todo lo que les precedió y que incluso preparó su camino para que ellos puedan renegar.

Debemos tener la suficiente humildad como para reconocerlo, dar las gracias a los que nos ayudaron y, siempre, tratar de arrimarnos a aquéllos de los que más podamos aprender (“quien a buen árbol se arrima, buena sombra le cobija”). Aunque hay otros que, por el contrario, prefieren arrimarse a otros más pequeños que ellos y, como dice el otro dicho, “en el país de los ciegos, el tuerto es rey”. Se verán más grandes, se verán más altos, se creerán más importantes, pero no dejará de ser sólo una victoria pasajera, que nunca perdurará. Si en vez de subirnos a hombros de gigantes lo hacemos a hombros de enanos, no sólo no veremos ni llegaremos mucho más lejos, sino que nuestro éxito y destaque será mínimo, aunque nos empeñemos en autoconvencernos de lo contrario. Siempre debemos compararnos con los que sabemos que son positivamentre mejores que nosotros, para que ello nos anime a mejorar y proseguir; compararse sólo con los que son claramente inferiores a nosotros es un simple ejercicio de autocomplacencia que no lleva a nada (bueno, sí, a alguna foto en el periódico local). Pero hay a quien le gusta. Y no me refiero sólo a personas, sino también a instituciones.

 

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