Último recurso

Hace algo más de 40 años (febrero de 1975) el Gobierno decidió cerrar cuatro Facultades de la Universidad de Valladolid (hoy UVa) hasta la finalización del curso 1974-75. Aquí pueden ver ustedes una amplia información sobre los hechos que dieron lugar a este cierre y sus consecuencias.

En esas fechas estaba yo comenzando mi tesis doctoral y una mañana, comentando la noticia del cierre de la UVa con un compañero y amigo, nos sorprendió que se nos acercase “el jefe”, conocido por sus no antipatías con el régimen y estuvimos los tres hablando (bueno, mi amigo y yo más escuchando que hablando) del asunto. El jefe opinaba que el Gobierno había ido demasiado lejos con el cierre de esa Facultades en la UVa y que se había jugado la última baza posible, se había recurrido al último recurso legal en manos del Gobierno, y se preguntaba “¿Qué harán ahora si ocurren unos hechos más graves?”. Naturalmente, nos sorprendó esa toma de postura, pero eso no es el tema que yo quiero comentar aquí.

Porque ¿cuándo debemos tomar el último recurso? Cuando uno tiene varias situaciones simultáneas y las juzga y sopesa, puede asignar a cada una de ellas una valoración y, si procede, recurrir a ese último recurso. Por ejemplo, usted está corrigiendo unos exámenes y hay claramente un alumno cuyo examen está perfecto (o casi). ¿Puede usted valorarlo con un 9.8, o un 10, y darle la calificación de Sobresaliente con Matrícula de Honor? Sí, puede e incluso debe. En esa convocatoria, en ese momento, no se le va a presentar ningún alumno que pueda realizar un examen mejor. Ese alumno se merece la Matrícula de Honor.

Pero ¿y si los exámenes  coinciden en la misma convocatoria, pero no en el tiempo? Imagínense que usted examina hoy a un alumno, hace un examen muy bueno, se merece la Matrícula de Honor. Pero dentro de seis meses, por ejemplo, usted tiene que examinar a otro alumno, que, no lo olvidemos, competirá con el de hoy por la máxima calificación. Si usted la asigna al que se ha examinado hoy, ya no puede asignarla al próximo, aunque su examen resulte incluso mejor. Y si, una vez calificado con Sobresaliente el examen del alumno de hoy, el que se examina al cabo de un tiempo no llega a un valor alto, no puede recalificar al de hoy, pasados varios meses y darle entonces la Matrícula de Honor. Un poco lioso, ¿no?

Pues esta situación, con alguna variación, se ha dado y se seguirá dando. Y no sólo en lo que a exámenes se refiere, sino a otros diversos eventos. ¿Cuándo corresponde tirar la casa por la ventana? Si lo hacemos a las primeras de cambio, ¿tendremos recursos para hacerlo cuando tengamos que celebrar otro evento aun más jubiloso? ¿No sería bueno no llegar a recurrir nunca al último recurso, no agotar nunca el último cartucho? Probablemente, si lo hiciésemos así podríamos conseguir también lo que quisiéramos, pero siempre nos quedará la idea, al menos, de que guardamos una última carta para cuando la situación ya sea el acabose. (la pregunta sigue siendo cuándo llega éste).

Y, como decía Serrat (Decir amigo): “Dios y mi canto saben a quien nombro tanto”.

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