Tres días que conmovieron al mundo

Les prometo que el título lo imaginé y sólo después, cuando ya lo había interiorizado para esta entrada, caí en la cuenta de que se parece bastante (demasiado, lo acepto) al de la obra de John Reed en que está basada la película Reds (Warren Beatty, 1981), Diez días que estremecieron el mundo. Pero yo no me refiero, en absoluto, a la historia en dicha obra y película narrada, por lo que espero que me perdonen la “inspiración”. Este tipo de plagio involuntario (al menos en mi caso y confieso que ví la película hace algo más de 30 años) es muy frecuente en los cantantes y otros artistas; si no lo creen, comparen ustedes el Twist & Shout de The Beatles y La Bamba jarocha, o My Sweet Lord, de George Harrison y He’s so fine, interpretada por The Chiffons. Incluso la popular Lambada (Kaoma) y Llorando se fue (Los Kjarkas). Ejemplos hay más, pero no caben aquí.

Vamos a suponer que en la conducta humana respetamos los deseos de los otros en cuanto a las acciones a tomar conjuntamente. Si yo le propongo a A una acción y A se niega en redondo, la acción no se lleva a cabo. Y viceversa, claro (más difícil cuando el colectivo que tiene que decidir es sensiblemente más numeroso).

Pero ¿y si A no se niega? Entonces es tan responsable como yo de esa acción y de lo que de ella se derive. Bien porque A haya participado activamente en la misma o bien porque se haya inhibido, no oponiéndose a ella, es corresponsable de la misma. Esas acciones, por tanto, conjuntas, son el resultado de una aquiescencia entre ambos (A y yo), que somos responsables de las mismas y en igual medida (Tanto monta, monta tanto, …). No se trata aun de un concepto de democracia, sino de un concepto de respeto mutuo y de cuya responsabilidad no podemos zafarnos. Si esa acción, ya digo, libremente aceptada por ambos, tiene unas consecuencias capaces de conmover al mundo (al menos a nuestro mundo más inmediato, pequeño y privado, casi) no debemos rehuirlo, tenemo que aceptarlo como es, alegrarnos si el final ha sido el que deseábamos, lamentarlo si no ha sido así y, en este caso, diseñar las medidas oportunas para tener más éxito en la próxima ocasión. Porque está claro que uno de los rasgos más característicos del ser humano es su capacidad para sorprenderse y para conmoverse.

O, en otras palabras: si quieres que algo no ocurra, no pongas los medios para que ocurra y si están ahí, evítalos.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en De todo un poco y etiquetada , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s