Anticipar, ¿para qué?

El pasado día 8 de Octubre, en su sección “Tal día como hoy … 1990”, un periódico local nos informaba que “1990: 26.000 alumnos universitarios vuelven a las aulas. Unos 26.o00 estudiantes universitarios han comenzado hoy sus clases correspondientes al curso 1990-1991…””

Es decir, hace 25 años el curso académico comenzaba UN MES MÁS TARDE de lo que lo ha hecho este año, con algunas variaciones de unos centros a otros. Las clases solían terminar al finalizar el mes de Mayo del año siguiente. Por tanto, había un mes menos de actividades docentes. Los exámenes finalizaban al terminar el mes de Junio.

¿Por qué, entonces, los que eran docentes entonces y lo siguen siendo ahora se quejan de que no les da tiempo a terminar el programa? ¿Es que a pesar de comenzar antes, se dan menos clases porque hay más puentes o festividades similares? No, desde luego, aunque sí existen más “paradas biológicas” al cambio de cuatrimestre (o trimestre, en realidad, y sólo hay dos). ¿Es que cada vez queremos explicar más cosas? Puede que sí.

Sea una cosa u otra, algo tiene que ocurrir. Y no creo que los alumnos tengan ahora más clases que entonces (quizá sea eso), pero lo que sin duda hay más y a montones, es tener que desarrollar actividades administrativas y “para-docentes” por parte del profesorado.

La universidad ha cambiado, cierto, pero hace falta perspectiva y comparar periodos suficientemente alejados entre sí para ver el cambio. Habitualmente a peor, lo cual es responsabilidad de todos.

Es evidente que cuesta recortar en los contenidos y una de las críticas a que nos enfrentamos habitualmente los docentes es a que seguimos utilizando aquellos viejos apuntes, hoy ya en papel amarillento y con aspecto casi de pergamino, para seguir dando las clases. Quizá en eso la introducción de las nuevas “herramientas” docentes pueda ayudar a que, al dejar de utilizar esos pergaminos y pasar, en un primer estadío, a las transparencias y en segundo lugar al power point, renovemos contenidos; quizá si se avanza en el uso de estos recursos la cosa ayude más, aunque un estudio reciente ha puesto de manifiesto que el tener más ordenadores y similares en el aula no mejora la respuesta de los discentes; los países habitualmente mucho mejor colocados que España en el informe PISA tienen menor número de ordenadores por alumno que nosotros.

¿O es que, por definición, cualquier tiempo pasado fue mejor? Por supuesto que no, aunque solamos ser capaces de borrar progresivamente de nuestra memoria lo malo experimentado y quedarnos sólo con lo bueno.

Creo, sinceramente, que los cambios en lo concerniente al Calendario Académico no han supuesto grandes avances y en una comparación ventajas/desventajas de este cambio perderían las primeras.

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