El poder evocador de la música

¿A usted no le gusta la música? No le estoy preguntando si la entiende, no le estoy preguntando si sabe tocar algún instrumento musical, no le estoy preguntando si sabe leer una partitura. Lo único que le estoy preguntando es si le gusta la música. Cuando conduce, ¿pone por la radio música? ¿Ha ido usted a bailar a algún sitio (fiesta del pueblo, disco, etc.) para algo más que para ligar? ¿Ha asistido usted a algún concierto musical, ya sea de música rock, clásica o de tamboril y dulzaina?

Si ha respondido afirmativamente a alguna de las últimas tres preguntas, es que a usted le gusta la música.

Según un estudio que puede leerse aquí (lo siento, españolito medio, está en inglés), dejamos de escuchar música nueva a los 33 años. Si los resultados de este estudio son correctos, es evidente que para mucha gente, entre la que me incluyo, la música tiene un gran poder evocador, pues nos trae a épocas pasadas, ya sean mejores o peores. La música nos permite evocar momentos que puede que tuviésemos olvidados y que, al oir tres compases, ya somos capaces de situarnos en el momento y situación y con la persona a que esa música nos lleva. ¿No lo han experimentado nunca? Recurran a esos programas que abundan en la red para buscar y encontrar “viejas” canciones, busquen en su baúl de los recuerdos aquellas canciones, ya sea en forma de vinilo (¡vaya cursilada de nombre!) de dos (“sínguel”), cuatro o más canciones (“ele pe”) en la cinta de “caset”, o incluso en ese CD en el que durante un verano particularmente aburrido, grabó toda la música de sus viejos soportes para que ocupasen menos sitio y poder también escucharla fácilmente en los modernos artilugios.

Encontrarán ustedes de todo y quizá podrán dar un paseo entretenido, evocador, romántico, a veces rompedor en otras ocasiones (depende de su edad), con música de baile “agarrao”, de pueblo, “españoladas”, música “yé yé”, folclórica, y lo que se denominó “canción protesta” y de cantautor; conjuntos (hoy los llaman “grupos”) o solistas; todo, repito, dependiendo de su edad.

Y le aseguro, le certifico, que en más de una ocasión usted se emocinará; recordará a aquella persona de la que hace más de veinte años que no sabe nada, aquel concierto al que asistió y tuvo que salir enseñando su carnet de indentidad entre un pasillo de “grises” montados a caballo, o incluso sus primeros pasos en bailes que hoy le pueden parecer estúpidos (¡adelante y atrás, un, dos, tres!). Da igual del tipo de música de que se trate. He visto a algunas personas emocionarse hasta con una charrada (ya hay que ser sensible, ya, …). Le ocurrirá, no le quepa la menor duda.

Y quizá eso, simplemento eso, le ayudará a ser un poco más condescendiente, más conciliador y más transigente con los demás. Usted, que a lo largo de su vida, al menos hasta los 33 años, ha transigido con tanta música variada, la ha sufrido y la ha gozado, ¿cómo no va a transigir con tanto imbécil desnortado y desconocedor de la Historia que se nos pone por delante para darnos lecciones de todo aquéllo que desconoce? ¿Cómo no va a ignorar y despreciar con una simple sonrisa, sin entrar en su juego, a estos nuevos illuminati que nos  quieren vender la moto de su modernidad, de su aparente transgresión, de sus geniales ideas y que sólo se conformarán con ocupar esas estructuras que dicen que son lo peor que nos puede pasar y son lo peor que podemos tener?

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