La guarnición

Aparte de su significado en sastrería, milicia, orfebrería, etc., en restauración (quinta acepción en el DLE) significa “Complemento, generalmente de hortalizas, legumbres, etc., que se sirve con la carne o el pescado”. Y por poco que a usted le guste la verdura, siempre viene bien un poco de guarnición. De hecho, es muchas veces lo primero que vemos de un plato, pues suele envolver, aunque sin llegar a cubrir totalmente, ese “oscuro objeto de deseo” que es, en definitiva, lo que pretendemos comernos, nuestro objetivo principal y lo que habitualmente demandamos.

Da igual que se trate de pescado o de carne; quedará mucho mejor, sabrá mucho mejor, completará mejor nuestras aspiraciones, si va acompañado con legumbres y hortalizas, específicas, en muchas ocasiones, según cual sea el manjar principal. Diversas variedades de lechugas, tomatitos “cherry”, maíz dulce, algunas alcaparras, guisantes, un espárrago triguero ligeramente frito, etc., suelen ser los acompañantes de la carne o el pescado. Sin olvidar una salsa, aunque en muchas ocasiones sea suficiente con un chorrito de aceite de oliva virgen para sazonarlo, aunque no demasiado, para que podamos así apreciar adecuadamente el aroma y el sabor de ese objeto que queremos.

No nos olvidemos de la guarnición; no la despreciemos, no la ninguneemos. Creo incluso que es mejor comenzar a comer por la guarnición, añadiendo pequeños bocados de la carne o el pescado (no tardes demasiado en comenzar con éstos, no sea que se enfríen); la frecuencia de estos bocados aumentará progresivamente, al tiempo que disminuirá la de la guarnición, hasta que ésta prácticamente desaparezca y nos dediquemos en exclusiva (o casi) a nuestro objetivo.

Pero si, por alguna razón, está usted desganado o cree que no va a poder con tanto bocado excelente, vistoso, bien “cuadrado” y compensado; si, por alguna razón, usted tiene que dejar parte de su plato, le recomiendo que deje parte (sólo parte) de la guarnición; intente no dejar nada del componente principal (carne o pescado), y acompáñelo, al menos al principio, de algunos de los componentes de la guarnición. Incluso al final, puede ésta ayudarle a terminar con ese filete, ese “turnedó” o esos lomos de bacalao o merluza por los que ustedes suspiraba y que, ahora sí, puede incluso recordar si cierra los ojos y se relame los labios.

Que aproveche.

P.S. El vino para acompañar ya es otra cosa.

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