El cuñexit

A estas alturas (escribo esta página justo tras iniciarse el mes de Julio) todos sabemos que el Reino Unido (RU) ha decidido abandonar la Unión Europea (UE), aunque parece que ahora lamentan la decisión que han tomado.

Probablemente recuerden ustedes que el núcleo original de la UE estaba constituido por seis países, Alemania, Bélgica, Francia, Italia, Holanda y Luxemburgo, y que el club se fue ampliando paulatinamente. España y Portugal entraron en 1986, creo que completando la docena.

Es obvio que cuando se comienza una negociación para entrar en un club, la relación de fuerzas depende de si uno pide entrar o a uno le piden que entre (formalismos aparte). Si es uno el que pide entrar, los que ya están dentro juegan con ventaja e imponen una serie de condiciones que el candidato debe cumplir, mientras que si uno es invitado a entrar (porque se considere beneficioso para todos esa incorporación), éste podrá y de hecho establecerá una serie de condiciones para entrar.

No conozco completamente (ni me interesa ahora mismo) como se desarrollaron las negociaciones, pero es obvio que fueron muchas las condiciones que el RU impuso y que la UE tuvo que aceptar para acogerlo: su no incorporación a la moneda única (no el único país, por supuesto, aunque no sé si el primero), el mantenimiento de los presuntos paraísos fiscales en las islas del Canal y en la City son, a bote pronto, dos que se me ocurren. Otros quizá anecdóticos, como  el mantenimiento mayoritario del sistema no decimal de medidas (pulgada, pie, yarda y milla, por ejemplo; galones y pintas), o el empecinamiento en circular por la parte izquierda de la calzada.

Ahora dicen que se quieren ir. Un primer ministro plantea un referéndum que nadie le ha solicitado para preguntar a su país si quiere salirse de  la UE; después de plantearlo y convocarlo, comienza a hacer propaganda para mantenerse en la UE y pierde. Por la mínima, pero pierde. Ahora, además, echa la culpa a los otros países de la UE (¿no les suena esta actitud? A mí ).

El comportamiento del RU en su conjunto es como el de esa cuñada que nos regalan al casarnos. No la queremos, pero viene con el kit y no es posible dejarla fuera. Te toca las narices, te exige más que nadie para hacer y aportar menos que nadie, quejándose de lo que hace y de lo que los otros no hacen. Y cuando la cosa parece que está apaciguada, cuando se ha llegado a un status quo en el que parece que no pasa nada, ¡zas! comienza otra vez. Ella tampoco está contenta (¿o sí?) y se quiere ir, igual que nosotros queremos que se vaya, pero en su caso (al contrario que el RU) no puede, por lo que sigue manteniendo su identidad y su peculiaridad en todos los aspectos.

Por otra parte, son también muchas las voces que se alegran de la salida del RU de la UE, pues estaban hartos de esa peculiaridad consentida. Lástima que en estas ocasiones no podamos alegrarnos, pues quien deseamos que se vaya, no lo hace. Y, atención, no me refiero sólo a las cuñadas.

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Una respuesta a El cuñexit

  1. Josemaria dijo:

    Me gusta, me gusta, pero los malos, malos ¿no eran los “cuñaos” ?

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