El ego del cargo

Todos tenemos nuestro ego, pero algunas personas lo tienen exacerbado, Ya sabrán ustedes que la respuesta a la pregunta “¿Cómo se suicidan los argentinos?” es “Lanzándose al vacío desde lo alto de su ego”.

Pero incluso en gentes de la misma cultura, de la misma nación, hay distintos niveles de ego. Recordarán ustedes aquéllo de “¡No sabe usted con quién está hablando!” cuando un don nadie intenta enmendar a un sublime. Hace unos años, una profesora de la Facultad vino a verme y, al no encontrarme, le preguntó por mí a una persona que recientemente había sido contratada; luego le dijo “Pues dile que he venido a verle”, a lo que él respondió “¿Y quién le digo que ha venido?”. Esta profesora, tras el pasmo que la pregunta le supuso, se encontró al poco a una compañera y le espetó “¿Quién es ése que tenéis ahí, que no sabe quién soy yo?”. Ya se imaginan.

Hace unos días iba yo con una buena amiga por la zona universitaria (aunque en esta ciudad se presume de que toda ella es universidad) y nos encontramos con un señor cuya cara me sonaba ligeramente y que luego comprobé que era un cargo* de la Universidad. Como en el momento no lo reconocí, me aparté discretamente (aunque ustedes no lo crean) cuando mi amiga y él, tras los consabidos muás y muás, se pusieron a hablar de algún tema que a ambos al parecer interesaba. En un momento dado, mi amiga se giró hacia mí y me dijo “¿No conoces a XXXX?” y yo respondí “No” ¡Tendrían que haber visto la cara del susodicho! (y de mi amiga, claro). La conversación entre ellos acabó abruptamente y con algunos balbuceos por parte de ambos y tras él alejarse, ella me dijo, visiblemente enfadada (sigo sin conocer por qué mi desconocimiento de este señor podía afectar negativamente, por lo visto, a las relaciones entre ambos o a los intereses que les preocupaban) “Pero, ¿no sabes que es el YYYYY*?”. Yo le dije que no he sido nunca ni soy miembro del Consejo de Gobierno, que no soy miembro del Claustro Universitario desde hace al menos 15 años; que no asisto a las sesiones del Claustro de Doctores desde hace más 32 años, que no asisto a los festejos ni de Semana Santa ni del Corpus que se celebran, con sus togas, mucetas, puñetas y birretes, en la uni, que no pertenezco desde hace casi 10 años a ninguna comisión de la universidad. Y que no suelo leer los periódicos locales, casi los únicos en los que estos personajes suelen tener sus quince minutos de gloria.

Y es que parece que porque alguien ostente un cargo ya todo el mundo tiene obligación de conocerlo, tratarle de tú, como si llevasen toda la vida comiendo sopas juntos y, en algunos casos, rendirle pleitesía sólo por esa razón. Y no se da mucha gente cuenta de que es la persona la que debe enriquecer (no me refiero al sentido pecuniario) al cargo y no al revés. Más aún cuando en muchas ocasiones los cargos de segundo o tercer rango se asignan por motivos de equilibrio regional, de género o de “sensibilidades” y no, precisamente, por la valía intrínseca del nombrado.

Y mi amiga, ceño fruncido y seria, visiblemente alterada, en plan “tenemos que hablar“, me dijo “¡Pues puede que sea tu próximo jefe!”. Cuando yo respondí “¿Y?” terminó la conversación. También abruptamente.

 

*Vicerrector de la cosa X, Decano de la Facultad de Y, responsable del Servicio de Z, llevador oficial de botijo, …

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