Ad personam

Según el DLE, “a título personal”, locución latina que significa literalmente a la persona.

En el contexto jurídico-laboral, se denominan complementos ad personam a los complementos que se reconocen a personas concretas, sin que resulte de aplicación a otros trabajadores de la misma empresa, con la misma categoría.

¿Significa esto que sólo tiene un significado, digamos, positivo? No, no necesariamente; a veces, al menos aparentemente, se dictan leyes y normas que pretenden perjudicar o castigar a una persona específica o, ante la previsión o certeza de que esa persona vaya a realizar una acción hasta ese momento no penada, se dictan normas para que, a partir de ese preciso momento y cuando esa persona la va a realizar, lo sea. No sé si me entienden, supongo que sí (teniendo en cuenta que empecé a escribir esto en octubre de 2015).

Pero en el sentido positivo es muy frecuente. No sólo en el ámbito laboral para la asignación de esos denominados complementos, sino incluso para que la opción a un determinado puesto de trabajo se realice ad personam. Puede que no a la primera, quizá tampoco a la segunda, pero a la tercera ya habremos retorcido y adecuado suficientemente la norma como para que la persona en la que interesados estamos resulte beneficiada. Ad personam.

El mecanismo es muy sencillo: si estamos hablando, por ejemplo, de plazas de funcionario (no sé por qué se me ha ocurrido este ejemplo), pues incluso habiendo media docena de plazas a cubrir en la misma institución y destino, se van convocando de una en una, con los requisitos adecuados ad personam; de esa manera conseguiremos que sólo una persona, esa persona, pueda optar a su plaza. Guardaremos las formas, eso sí, o, al menos lo intentaremos: los miembros del tribunal que ha de juzgar esa oposición y los  requisitos serán propuestos por una comisión de la que ¡casualidad! forma parte esa persona, pero, eso, serán propuestos; nada (¿nada?) impide que esa propuesta sea aceptada sin cambio alguno. Y si hay peligro de que ocurra, pues proponemos exclusivamente como elegibles a íntimos amigos.

Es frecuente, además, que tras el ímprobo esfuerzo que supone encontrar (o que nos encuentren) a una decena de amigos y preparar lo que queremos exponer (pues no van a pedirnos que expongamos otra cosa), nos pidamos una semana de vacaciones para relajarnos del estrés que el esfuerzo ha supuesto, ¡uf!

Aunque a veces, a la larga, esta actitud puede resultar beneficiosa, no sólo para la persona concreta para la que se ha retorcido la norma (a fin de cuenta, lo conseguirá tarde o temprano), sino también para todos aquéllos que esperan una promoción y están, en realidad, taponados, por esa persona. Lanzarla hacia arriba, como el tapón de una botella de cava, puede a veces ser la solución, para que así esas otras personas (con más méritos, pero amenazadas continuamente en su progreso laboral por la persona a beneficiar) puedan seguir su curso, no ya ad personam, sino por sus propios méritos.

 

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2 respuestas a Ad personam

  1. Pingback: Mujeres, hombres y el gambito de dama | Mad Technicians

  2. clavileño dijo:

    eso en tiempos se resumía de la siguiente manera. “en esa convocatoria solo falta el número de DNI como requisito”

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