Por supuesto que no

Creo que a nadie le amargaría ese dulce, todos querrían tenerlo. Incluso puede que yo también. Pero el que lo consiga o no depende, hasta cierto punto, pero en muy poca medida, de tí. Y sé que tú no vas a estar de acuerdo, que no vas a dar tu consentimiento para que lo consiga. Porque tu resentimiento y tu envidia superan a tu sentido común. En el fondo sabes que es así, que no serías nada sin mí y las circunstancias, pero sólo en el fondo, muy en el fondo. Lo que sientes, no lo niegues, es que no debes nada a nadie, que todo es por tí, por tus propios y exclusivos méritos y por tu cara bonita.

Y yo, lo lamento, no voy a facilitarte el placer de que me deniegues ese caramelo. Si eres una persona soberbia, resentida y envidiosa, ése es tu problema (ésos son tus problemas, en realidad). Y sé que ese resentimiento te hará feliz si, finalmente, no consigo ese caramelo (caso de que lo quisiese).

Pero yo tengo también mi soberbia y mi orgullo. Y mi soberbia y mi orgullo superan a mi ambición.

Así que, lo siento por tí, pero no te pediré el caramelo. Así de claro.

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